Durante las primeras horas del sábado 3 de enero de 2025, la conjunción Casa-Blanca-Pentágono-CIA implementaron la «Operación Resolución Absoluta» que terminó en la captura y traslado posterior a los Estados Unidos de Nicolás Maduro Moro (presidente de Venezuela) y su esposa, Cilia Flores.
La operación, que fue denunciada como secuestro por parte de las autoridades políticas, judiciales y militares que quedaron al mando de la gestión administrativa venezolana, duró alrededor de tres horas (dos horas y 20 minutos, según la afirmación del general John Daniel Razin Caine, quien es el jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU.), habría dejado, como uno de sus saldos, aparte de la captura de la pareja presidencial, más de 80 muertos entre militares y civiles venezolanos y cubanos. No se conoció la cantidad de heridos o muertos de la misión estadounidense porque Washington ni Caracas informaron sobre ello.
Resolución Absoluta habría sido planificada durante, al menos, cinco meses e, inclusive, las fuerzas especiales Delta habrían, en los preparativos, ensayado su movimiento sobre una réplica de la residencia de Maduro para tener el éxito asegurado.
Se supo que la operación fue ordenada, por Trump, recién a las 23 pm del viernes 2 de enero y que solamente conocían del plan un escaso número de altos funcionarios de la Administración de Estados Unidos.
Trump terminó el año 2025 diciendo Podrían haber sorpresas en las próximas 48 horas, pero, por lo visto, para algunas facciones venezolanas, ese mensaje no iba dirigido para Venezuela…A pesar de la tensión imperante y de ese mensaje de Trump, una cantidad no menor de efectivos de las fuerzas armadas de Venezuela estaba de vacaciones celebrando el año nuevo.
Hay información dispar y muchas reservas de verdadera información sobre todo el operativo y, por ello, nos ahorramos de reiterar datos noticiosos que podrían ser falsos, parciales o no del todo ajustados a la realidad. Por lo tanto, es prudente esperar unos días para tener la imagen completa de lo que ha pasado.
A poco de que Trump informara que habían capturado a Maduro y Flores, el corresponsal de Sky News, Stuart Ramsay, señaló que, en los días anteriores, se había «rumoreado que se estaba trabajando en un acuerdo para que Maduro saliera de Venezuela, y que existía la sensación de que los militares no permitirían que eso sucediera y que, en realidad, su propia vida podría estar en peligro, por parte de algunos de su círculo íntimo. El gobierno sigue en pie, aunque sin su figura decorativa».
En esos instantes, y durante muchas horas posteriores, la mayoría de los comunicadores y analistas de izquierda (venezolanos e iberoamericanos en general) se mostraban desconcertados y hasta, en cierto modo, descorazonados porque no sabía qué ocurría realmente y no hallaban explicación sensata para la situación que se había producido.
Contrariamente a ello, las calles y todas las ciudades del país no presentaron caos ni disturbios, como tampoco colapsó la pirámide estatal ya que las instituciones funcionaban sin interferencia aún sin Nicolás Maduro Moro. En cambio, sí hubo algunos movimientos internos y no pacíficos en algunas dimensiones del poder estatal venezolano, pese a que se trató de que no se conociese externamente y, por supuesto, algunas palancas del mismo se esforzaron para que el mismo no implosionara.
Indiscutiblemente, no hubo colapso del régimen o sistema de poder ni se incendió toda Venezuela, ni se atacaron objetivos estadounidenses. Tampoco se entró en situación activa y real de guerra, significando, entre otras cosas, que Maduro no era la cabeza de la vertical del poder.
Maduro no era el creador del sistema ni de sus clanes; Maduro está en Nueva York, en calidad de preso, porque no quería entregar (según informaciones) algunas cosas de más que Trump le pedía y porque era cara y símbolo de una imagen de tiranía en la percepción que se impuso hace años.
En la lógica de los clanes del sistema, no hubo traición al sistema y la mayoría de ellos permanecerá después de la transición a través de la conjunción de viejas y nuevas circunstancias. En los hechos inobjetables, uno de los clanes del sistema de poder venezolano asume la rienda de la gestión administrativa de Venezuela por un tiempo, pese a que hay otros factores de ese mismo poder que quieren frustrar parcialmente los planes de Trump.
Trump confirmó que Delcy Rodríguez (vicepresidenta de la vertical de poder del sistema venezolano al momento de consumarse la extracción de Maduro) está en diálogo con Marco Rubio y es ella la que, durante los próximos meses o años, será la presidenta de Venezuela. Un contacto entre ambos, se realizó en la tarde del mismo sábado 3 de enero y ella comprende que deberá mantener un enfoque transaccional o más pragmático. Lo entendió desde antes que finalizará el 2025.
La idea de que Delcy Rodríguez reemplace a Maduro se expuso, en las conversaciones, entre las partes, en marzo-abril del 2025 y se la sostuvo en una variante posterior de un plan en la última parte de ese año.
Trump también dijo que Washington gobernará Venezuela durante la transición y, seguramente, en su mensaje de primer año de su mandato, o posterior al mismo, dirá que él solucionó el problema sacándole del poder a Maduro y que, de ahora en más, los venezolanos deberán trabajar por su propio país. Pero, obviamente, en los hechos Trump querrá recibir muchos beneficios estratégicos.
No hay un plan minucioso ni milimétrico estadounidense para Venezuela. Sus responsables actúan por hechos y según las circunstancias, con la lógica del más fuerte que no se limita por normas ni reglas y jugando con la debilidad, cobardía y falta de perspicacia relevante de otros.
Sin embargo, en la mente de Trump, está que el gobierno post transición sea una mezcla de elementos opositores (sin la dirección de Corina Machado) y elementos del sistema chavista, maduristas o postchavista. Cabe destacar que este era un escenario que ya se había hablado, en las negociaciones, antes del bloqueo relativo naval.
Trump piensa que civiles estadounidenses, acompañados de grupo de militares y contratistas privados, pueden gerenciar y custodiar la infraestructura crítica si Caracas le cede todo ello. Lo cual se haría, cree el inquilino de la Casa Blanca, sin el desenvolvimiento de una guerra ni con la presencia masiva militar estadounidense.
Trump no quiere que el expediente venezolano le sea un grave problema que le arrastre a él más tiempo y energía y le perjudique en su gestión. Este líder, en su lógica de poder, piensa más en la panregión de dominio estadounidense que en el unipolarismo.mundial o el multipolarismo de estados nacionales soberanos. Aún así, en parte de estas acciones está su derrota estratégica futura.
La Casa Blanca, en su discurso, no le reconoce ilegitimidad ni ilegalidad al gobierno transaccional clánico de Delcy Rodríguez y, en la práctica, corre de los próximos hechos cruciales a la primera línea de la oposición vinculada al espectro cubano-venezolano de La Florida, incluida María Corina Machado, quien, a la postre, terminó siendo una de las perdedoras en el plan no completo de Trump.
En relación con ello, la figura que tomará las decisiones determinantes será Trump y no Marco Rubio, a pesar del gran papel que éste desempeñará.
Esto produjo que Wall Street Journal y otros exponentes del poder norteamericano, que querían la eliminación inmediata del poder venezolano y que asuma inmediatamente María Corina Machado, critiquen la orden de Trump y hasta la misma operación que, gran parte de la comunidad internacional, califica de ilegal.
El juego trumpista en Venezuela recién comenzó y, por ende, está lejos de concluir y, en el trayecto, ocurrirán cosas que también serán negativas para Trump. Así como hay acuerdos transitorios y no integrales, también no hay finales sobre el terreno, pero está claro que factores del actual sistema continuarán un tiempo más.
La historia se está realizando y no hay ningún acuerdo final o panorama final para Venezuela y el panorama completo que muchos izquierdistas o derechistas quieren para este país, durante los próximos 3 o 5 años, no será el completamente deseado. La crisis de Venezuela no debilitará acuerdos de grandes actores ni afectará al sistema global. Entonces, ni Rusia ni China entrarán en una guerra contra Trump por ese asunto.
Rusia no será expulsada de la Venezuela de los años venideros, conservando algunas influencias, como tampoco China no será eliminada de Iberoamérica. Pero eso sí, muchos venezolanos no regresarán a Venezuela y este país no será disruptor global.
A riesgo de ser reiterativos, hay un trato. Pero Trump no es el único actor interviniente en las nuevas ecuaciones que se quieren imponer en Venezuela y muchas cosas pueden cambiar o transformar la dirección que algunos actores quieren darle a la estructura venezolana.
No todo será como Hollywood ni como lo dicen los influencers de los bandos en pugna. El partido, mirando el futuro estratégico y geopolítico, todavía no tiene el ganador final porque todo está realizándose diariamente. Próximamente, seguiremos con el tratamiento del tema.


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