Una vez más, el complejo mediático convencional y digital jugó un rol activo para influir en la persona de Donald Trump de modo que este ordenase operaciones militares abiertas contra objetivos militares y políticos (humanos e infraestructurales) sitos en Venezuela. Estos blancos, obviamente, son del sistema de poder que rige Venezuela desde que Hugo Chávez Frías conquistó el gobierno venezolano en 1999.
Esta operación de varias capas y cabezas intensificó su acometida cuando Trump regresaba de su viaje asiático -donde, entre otras conversaciones, acordó con Xi Jinping- y escaló el viernes 31 de octubre cuando, desde la prensa estadounidense con aires de hegemonismo global, se propagaba la falsa información de que Trump había dictado el atacar puntos militares dentro del territorio de Venezuela y que los bombardeos serían inminentes.
Esto ocasionó que, gran parte del mundo, creyera que en cuestión de minutos u horas. De esa manera, quisieron, como lo expresamos anteriormente, formular un hecho que no condecía con la situación real del presidente Trump ya que, como este mismo lo dijo, no había ordenado ningún ataque de esa naturaleza.
Cuando Trump declaró ello, se vino abajo -de un plumazo- la narrativa que están imponiendo los fabricantes de noticias falsas y los propulsores neocons de guerras externas e inacabables. Y, a la par de ellos, sufrieron un revés -aunque sea circunstancial- los grupos que, radicados en Miami, foguean -desde hace más de 15 años- para un cambio de régimen en Venezuela.
A las declaraciones de Trump, le siguieron forzosamente las palabras de Marco Rubio -un adlátere del Estado Profundo– en la misma línea que su empleador presidencial y las expresiones de la vocería de la Casa Blanca y del representante de Trump para los asuntos venezolanos, Richard Grenell, para desmontar la artimaña urdida.
Con lo cual, los pintores del intervencionismo directo militar no pudieron provocar que, durante el primer fin de semana de noviembre, se produzcan un acontecimiento sangriento y la apertura de un nuevo frente de guerra en el área septentrional de América del Sur.
Con todo, reconocemos que estas tentativas subseguirán un tiempo más; a la vez que advertimos que la cúpula del poder -del que participa Nicolás Maduro- deberá introducir algunos cambios capitales en el interior político, económico y social de Venezuela si no quiere pasar por la misma suerte de Bashar al-Assad porque estos años -especialmente, los que siguen a partir del 2027- contienen escenas cambiantes, con reemplazos de líderes y con sustitución de variables y factores que antes mantenían el statu quo nacionales y regionales. Por ahora, no se consumó lo que fue incoado por las vertientes de la guerra y cambio de regímenes.


Deja un comentario