A juzgar por los indicadores más serios, Trump no decidió ninguna intervención militar para destituir a Nicolás Maduro y, en consecuencia, el desplazamiento de tres destructores con 4 mil soldados estadounidenses en la zona caribeña no tiene esa finalidad.
No obstante ello, la situación podría cambiar si entran en juego otras variables que, por el momento, no dan señales de que lo llegaran a hacer.
La operación militar norteamericana se debería, mayormente, a, en primer lugar, mostrar su presencia poderosa en el marco continental para les quede en claro a los gobiernos regionales opositores a la agenda Trump y a otros actores extra-regionales que EE.UU. no tolerará que el resto del continente confronte a Washington; en segundo lugar, que no será fácil que otros estados de peso internacional instalen bases militares para presionar a los estadounidenses y, en tercer lugar, para entretener a los militares de casa con desfiles y espectáculos en vez de guerra reales y complicadas de ganar o que tienen un gran costo político si EE.UU. participa en ellas.
Asimismo, se debe destacar que esta no es la primera vez que los “gringos” hacen este tipo de movimientos sin que hayan escalado a algo más grande.
En el medio, los militares desplazados podrían hacer otras tareas operativas como, por ejemplo, detección de vías no conocidas del tráfico de drogas, interceptación de comunicaciones generales (y no sólo de los cárteles de la droga) y planteamientos, en el terreno, de algunas operaciones para llevarlas a la práctica en el momento y posteriormente, pero que, por ahora, no tendrían vinculaciones con invasiones terrestres ni derrocamientos de gobiernos, por ahora.
No debemos olvidar que hay conversaciones avanzadas entre los gobiernos de Venezuela y Colombia para estrechar sus lazos de asociación integral con China y que el mismo presidente Petro dijo que Colombia debería abandonar la estructura de la OTAN como socio global. Por su parte, el gobierno de Maduro incrementó su cooperación multidimensional con Irán, incluyendo el campo militar donde los iraníes pueden aportarle importantes suministros armamentísticos. Y, en realidad, ya lo están haciendo.
Irán es otro actor no regional que aumentará sus lazos y presencia -aún en servicios militares- en las tierras que, históricamente, sólo miraban a EE.UU. y Reino Unido.
América del Sur, América Central y el Caribe ya no funcionarán únicamente con el software anglo-americano por más acciones provenientes de Washington, Nueva York y Londres que se hagan para anular esa dirección.
Para terminar, afirmamos que de un modo continuo las redes derechistas iberoamericanas alineadas con la “Pax Americana”, instan, a través de sus socios estadounidenses, a cualquier administración de EE.UU. a actuar enérgica y militarmente contra los gobiernos que ellas no pueden derribar por sí mismas.


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