Muchos observadores que siguen de cerca el desarrollo de la tensión en el Caribe y, más particularmente, Venezuela, alegan que Trump no podrá ordenar ningún ataque militar, focalizado o generalizado, porque no tiene la autorización del Congreso estadounidense.
Este razonamiento es frágil y hasta fuera de contexto porque Trump de hecho sí lo puede hacer y el Congreso mirará para otro lado distrayendo la atención del público con declaraciones y comités que no harán nada gravitante; o también el Congreso podrá hacer maniobras de principios de un impeachment inconducente, pero ambas reacciones serán posteriores al hecho militar si Trump dispone su concreción.
Quienes conocen de sobra el funcionamiento real del poder en Washington podrán estar de acuerdo con las expresiones que estamos vertiendo en esta nota.
Por ello, carece de base inteligente y de fuerza operativa el argumento que sostiene que Trump está atado de manos y pies para accionar con fuego en la escena venezolana debido a esa “facultad” del Congreso.
Entre la disparidad de opiniones que hay en torno a dicha complejidad, se destacan el parecer de algunos expertos y componentes políticos que ya sea integran las élites estadounidenses o son próximas a ellas, quienes expresan que las municiones de disposiciones que Trump está usando, hasta el presente, en el escenario de Venezuela, no son incisivas o determinativas para cambiar el rumbo de la situación.
El Miami Herald, este 18 de diciembre, acentúa que: «El bloqueo estadounidense a los petroleros quizás no sea suficiente para derrocar a Maduro» porque, según cita a sus analistas consultados, el anuncio de Trump sobre un bloqueo naval no es tal ya que es sólo una incautación parcial de los barcos petroleros que están bajo sanciones estadounidenses y, por ende, esa medida no será suficiente «para convencer a Maduro, ni al aparato de seguridad cubano que lo rodea, de que Trump habla en serio sobre la búsqueda de un cambio de régimen».
Lo destaca el Miami Herald que lleva años propiciando la injerencia sistémica de los Estados Unidos en Venezuela con la propuesta medular de cambio de régimen.
Un rato después, el Wall Street Journal, que es otro portaaviones mediático que propulsa, desde hace mucho tiempo, el derrocamiento del sistema de poder que impera en Venezuela, resalta que Trump aumenta la presión sobre Venezuela, pero cambia repetidamente la lógica e informa que, «El presidente evita respaldar un cambio de régimen». Es decir, convalida nuestros análisis previos.
En el mencionado reporte, The Wall Street Journal, afirma: Algunos analistas afirman que la campaña de presión de Trump, incluyendo las últimas medidas contra los petroleros, podría ser contraproducente. Aseguran que privar de recursos a los regímenes autocráticos puede fortalecerlos al aumentar la dependencia de los ciudadanos empobrecidos del gobierno, lo que genera un aumento del apoyo.
Si el objetivo de Trump es definir el alcance de una posible negociación, creo que el bloqueo no es una mala decisión, dijo Juan González, el principal funcionario para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional de la administración Biden. «Pero la administración se equivocaría si pensara que un bloqueo petrolero expulsaría a Maduro del poder».
Mientras tanto, siguen saliendo, desde Venezuela, buques con derivados petroleros con destinos externos al continente con custodia militar venezolana, por supuesto, también funcionan con normalidad los buques de Chevron.
Simultáneamente, las organizaciones de los trabajadores petroleros cierran filas en torno a Maduro y Diosdado Cabello informa que el grupo de María Corina Machado gestiona, por estas horas, un plan para fabricar, desde Europa, un ejército de mercenarios internacionales (con gente que tiene experiencia en la guerra de Ucrania) con el fin de actuar sobre el territorio de Venezuela.
Léase bien: Remarca que el grupo venezolano es quien tiene ese plan y, en consecuencia, no sería un diseño de Donald Trump.


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