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Las lógicas de poder en la escena venezolana

4–6 minutos

Cuando la facción de los Rodríguez participó en las comunicaciones secretas, durante el 2025, con el emisario de Trump, Richard Grenell, y los intermediarios cataríes y emiratíes, sin duda, habrá puesto en las discusiones, aparte de las garantías personales y la preservación de sus posiciones y activos dentro de la estructura organizacional venezolana, que el grupo debería seguir subsistiendo políticamente después de la fase de transición post-Maduro; lo que consistiría, en los hechos, en una continuidad presidencial de Delcy Rodríguez en los años que restan para terminar esta década.

Aunque los implicados en las rondas de negociaciones que existieron el año pasado lo desmientan, la sustitución de Maduro por Delcy Rodríguez se terminó de cocinar y concluir, entre bastidores, hace poco más de un mes. En el ciclo de tales negociaciones y para llevarlas a un puerto concreto de éxito, no se necesitó incluir a potencias fuera de la estadounidense ya solamente bastaban un número del pináculo del poder de Venezuela y los Estados Unidos, más precisamente, Donald Trump.

Ciertamente, del círculo de enviados del presidente norteamericano salió la opción que terminó expresándose en la realidad el 3 de enero de 2026:  la presidencia de Delcy Rodríguez.

Según informaciones de fuentes familiarizadas con el desarrollo de la operación de poder, fue Richard Grenell la persona que postuló a la, por entonces, vicepresidenta de Nicolás Maduro Moros, como la indicada para que, una vez que Maduro haya sido removido de su cargo, mantenga, en una primera instancia, en pie al estado y, junto a sus aliados, evite una guerra civil y una mayor participación militar estadounidense en el campo de acción.

Trump y Grenell evaluaron que era conveniente hacer un trato con tales facciones del ecosistema de poder venezolano ya que ello terminaría siendo más ganancioso para las aspiraciones de los objetivos de la actual Casa Blanca que confiar la gestión a los líderes de la oposición, los cuales carecen, en su mayoría, de las capacidades para estabilizar la situación estructural y perfilar al estado para facilitarle a Trump determinados resultados estratégicos, económicos, políticos, etcétera.

Hablando claramente: las primeras líneas de la oposición no tienen el control de las instituciones políticas, judiciales, militares y policiales del país y, por lo tanto, no pueden garantizarle, en estos dos o tres años, ningún éxito a Trump. Sueñan y sueñan quienes crean que Trump se identifica con la oposición y que se dejará moldear por las sugerencias y presiones de tales circuitos políticos. Así como Trump irrespeta a los clanes del oficialismo, también tiene el mismo sentimiento y conducta para Edmundo González Urrutia y María Corina Machado.

Creer que Trump haría todo lo que hizo y lo que hará en la trama venezolana para satisfacer las ambiciones de la oposición es pecar de ingenuidad o, peor todavía, pecar de soberbia creyendo que quien, en estos días, se considera El Rey del Mundo trabajará para los fines de los clanes de la oposición.

Trump actúa por la lógica del poder y no le interesa ideología, religión o reglas derivadas de la Carta de las Naciones Unidas.

No le interesa restablecer la democracia de los liberales venezolanos ni imponer en la gerencia de los estados de segundo y tercer orden a gente que no sea competente según el enfoque del presidente estadounidense.

El 31 de enero de 2025, después de haber estado en una reunión formal, en el Palacio de Miraflores, entre Maduro, Grenell y su hermano, Jorge Rodríguez, la actual presidenta de Venezuela apostó públicamente por una Agenda Cero para reiniciar las relaciones bilaterales con la administración Trump que es lo mismo que dice Delcy Rodríguez presidenta un año después.

En este punto, es importante señalar que el jefe del clan de los Rodríguez es Jorge, que tiene, por el momento, el control de la Asamblea Nacional y que de hecho será quien decida muchas cuestiones que firme su hermana Delcy como presidenta de Venezuela.

No hay pruebas visibles que acrediten que los Rodríguez sean agentes de la CIA, lo que no invalida la posibilidad conjetural de que, por las circunstancias presentes, estén hablando con dicha agencia estadounidense. En cambio, sí hay muchas pruebas irrefutables que indican que los Rodríguez estuvieron y están en la cabeza del sistema de poder venezolano, aún por encima de Nicolás Maduro Moros.

Para Trump, quienes quedaron a cargo de la gestión estadual deberán hacer una transferencia organizacional de recursos estratégicos y no tener una subjetividad geopolítica propia y aportarle tranquilidad.

De modo que, en las dimensiones clánicas y sus arreglos o desarreglos, las facciones que deseen colaborar con Trump tienen que reducir gradualmente su hegemonismo práctico, configurarse en subsistema y subordinarse, aunque sea por etapas, al sistema de Trump.

A estos grupos Trump les dará tiempo razonable si ve que ellos le están cumpliendo y desestimará todas las voces de la oposición venezolana y de la estadounidense.

Manifiestamente, hay grupos del espectro de poder que proviene de las etapas embrionarias del sistema vigente y que no tienen ningún interés en amoldarse a los encuadramientos y dictados de Trump y sobre ellos y contra ellos tendrán que trabajar los Rodríguez y los coordinadores y supervisores estadounidenses para Venezuela que Trump quiere establecer.

A pesar de todo, hay intentos de mantener en la misma unidad o sentido proyectivo a los clanes principales oficialistas de Venezuela y conceder beneficios, pero no en su totalidad, a los estadounidenses, mientras diseñan otras alternativas y circunstancias en simultáneo con los sucesos que tendrá Trump dentro y fuera de los Estados Unidos.

Asimismo, hay otros actores que planifican arruinarle la fiesta a Trump ya que, argumentan, que el presidente de EE. UU. pudo interferir en el curso estratégico del poder venezolano, pero no podrá tomar para sí a Venezuela como una propiedad porque se puede conquistar, dicen, pero no dominar.


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