Diosdado Cabello, Secretario General del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y hombre fuerte del sistema de poder vigente en dicho país sudamericano, defendió la posición del diálogo con el gobierno de Trump en su programa Con el Mazo Dando, que se emitió en la noche del miércoles 19 de noviembre.
Literalmente, dijo, El diálogo lo defiende todo el mundo, entre los que sean que hablen dialogar no significa claudicar, es más el diálogo es bueno cuando hay contradicciones, sino es puro gamelote. Más claro, es imposible.
La decisión está tomada en Miraflores y los movimientos proclives a un próximo encuentro personal con Richard Grenell, Enviado Especial de Trump, en Caracas, ya están delineándose secretamente.
Este encuentro será un verdadero mazazo para muchos venezolanos y extranjeros que apostaban por otros escenarios y desenlaces al problema suscitado y vigente, desde hace mucho tiempo, entre el grupo Trump y los miembros del poder en Venezuela.
La lógica de conversar directa y bilateralmente, junto con la diplomacia de los negocios, predominan, en estos instantes, entre los enlazadores de Trump y Maduro.
Al igual que también ocurre con el tema ucraniano, donde el mandamás de la oficina presidencial de la Casa Blanca corrió del primer plano a los ucranianos en las negociaciones con Putin, Trump no pondera las posiciones de los líderes de la oposición venezolana de la talla de María Corina Machado y dictaminó que su estrecho colaborador Grenell reactivara las comunicaciones y participara para darle una mejor forma a la agenda conversacional y transaccional con Maduro.
El 20 de febrero, anunciamos que las conversaciones entre Trump y Maduro excluirían a la oposición venezolana y aseguramos que mientras no surja un gran problema entre ellos, no fracturarán el marco de diálogo bilateral que se está construyendo. Pero, sincrónicamente, hicimos la siguiente aclaración Esto no supone que Washington y Caracas ya tendrán, automáticamente, la mejor de las relaciones inter-estatales, pero, seguramente, no repetirán la experiencia anterior y con ello habrá concesiones y beneficios mutuos.
Más tarde, con el calendario fijado en agosto, más precisamente, el 21 de agosto, comentamos: A juzgar por los indicadores más serios, Trump no decidió ninguna intervención militar para destituir a Nicolás Maduro y, en consecuencia, el desplazamiento de tres destructores con 4.000 soldados estadounidenses en la zona caribeña no tiene esa finalidad.
Comenzando el mes de noviembre, cuando abordamos el intento fallido de generar, a través de la guerra cognitiva, un ataque militar de Trump contra niveles del gobierno de Maduro y sus aliados, sentenciamos:
Esto ocasionó que, gran parte del mundo, creyera que en cuestión de minutos u horas. De esa manera, quisieron, como lo expresamos anteriormente, formular un hecho que no condecía con la situación real del presidente Trump ya que, como este mismo lo dijo, no había ordenado ningún ataque de esa naturaleza.
Cuando Trump declaró ello, se vino abajo de un plumazo la narrativa que están imponiendo los fabricantes de noticias falsas y los propulsores neocons de guerras externas e inacabables. Y, a la par de ellos, sufrieron un revés aunque sea circunstancial los grupos que, radicados en Miami, foguean desde hace más de 15 años para un cambio de régimen en Venezuela y, entonces, los pintores del intervencionismo directo militar no pudieron provocar que, durante el primer fin de semana de noviembre, se produzcan un acontecimiento sangriento y la apertura de un nuevo frente de guerra en el área septentrional de América del Sur.
Luego de todo eso y mucho más, cartas y mensajes de uno y otro lado circularon en los últimos siete días, a la par que ambos jefes políticos trasladaban a la superficie mediática los propósitos de reunirse para obtener un acuerdo, dejando en offside a mucha gente, incluyendo a expertos de todos los calibres.
Diciembre traerá consigo noticias relacionadas con todo lo dicho. Habrá complicaciones, pero también surgirán novedades que no serán regresivas.
Eso sí, está garantizado que el gobierno de Maduro seguirá en buenas relaciones con Rusia y con China y, como si esto fuera poco, ningún halcón belicista anglo-estadounidense podrá expulsar la presencia rusa y china en la América hispano-latina. Allí, también perdieron los negacionistas de la multipolaridad.


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