El Estados Unidos, presidido por Donald Trump, no entrará en ninguna guerra directa e integral contra la Rusia de Vladímir Putin, ni sostendrá la guerra de proxis para arruinar a la estadidad rusa.
Desde luego que esto no implica que la administración Trump vaya a subordinar sus intereses estratégicos en pos del fortalecimiento ruso o que los estadounidenses adscriptos a Trump cedan en beneficio de la agenda de Putin.
Porque lo que, a todas luces, se está forjando es una interacción estratégica entre ambos proyectos mediante una concordancia puntual en cuestiones específicas que exceden el expediente ucraniano y que es un objetivo que ambos líderes mundiales lo desearon desde la década pasada.
Esta forja en común no reconfigurará las relaciones fundamentalmente clave de Putin con Irán y China ya que la autoridad máxima rusa no lo permitirá ni lo avalará y porque una asociación con Trump, en las dimensiones internacionales, no significará una reducción y la anulación de la activa participación de Putin en el orden multipolar y, por consiguiente, la visión de Henry Kissinger tampoco se cristalizará.
Esto llevó tranquilidad a Teherán, Nueva Delhi y Pekín. En el caso chino, el mismo Xi Jinping estará contento si se logra resolver exitosamente la cuestión ucraniana porque el mando político chino siempre abogó por la conclusión de la guerra.
Pero también una buena y fluida comunicación entre Trump y Putin puede contribuir en algunas desavenencias sino-estadounidenses. Por lo que, directa e indirectamente, múltiples escenarios podrían tener efectos (desiguales) provenientes de la sinergia entre Trump y Putin.
Por su lado, el Estados Unidos formateado por el globalismo dirigirá sus mayores esfuerzos para truncar la efectividad de las acciones que se desprenderán de los acuerdos entre los actuales presidentes de EE.UU. y Rusia, pero no hay garantías de que consigan frustrar gran parte de los compromisos conjuntos de Trump y Putin.
Sin duda, que un porcentaje relevante del diálogo de Trump y Putin, en Alaska, quedará guardado en forma confidencial. La maquinaria de prensa globalista ya preparó sus bombas desinformativas para oscurecer o denigrar el diálogo positivo de Alaska.


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