Daba la impression que un llamado entre ambos estaba fuera del radar en este año, pero eso no ocurrió porque, finalmente, Donald Trump y Lula da Silva hablaron telefónicamente el pasado lunes 6 de octubre.
Según los trascendidos periodísticos, la reunión habría durado alrededor de 30 minutos y el clima no fue tenso, sino cordial y con ánimo de armonizar cuestiones comerciales que, quizá, luego pasarán a temas políticos o geopolíticos.
El buen ambiente que hubo lo confirmó el vicepresidente brasileño, Geraldo Alckmin, al sostener que «La conversación fue muy buena, incluso mejor de lo que esperábamos. El presidente Lula destacó la disposición de Brasil al diálogo y la negociación».
Alckmin, liderará el equipo brasileño, junto con el ministro de hacienda, Fernando Hadad, y el Ministro de Relaciones de Exteriores, Mauro Vieira, las conversaciones con los representantes de Trump, quienes estarán encabezados por el Secretario de Estado, Marco Rubio.
En este diálogo entre la Casa Blanca y el Planalto no estuvo presente la cuestión en torno a Jair Bolsonaro, pero, no cabe a menor duda, de que, tarde o temprano, habrá contactos entre las partes para que Trump pueda efectivizar una ayuda concreta para su amigo Bolsonaro.
Como una reacción pública a la conversación entre estos dos líderes, Eduardo Bolsonaro escribió en X que fue estupenda la elección de Marco Rubio como capitán de los negociadores estadounidenses porque, en la opinión del hijo de Jair, Rubio conocería muy bien a las izquierdas latinoamericanistas y no se dejaría engañar por el gobierno de Lula.
Estas declaraciones fueron dadas más que nada para la tribuna bolsonarista, para calmarlas debido a que Trump expresó que Lula es “un buen hombre” y avisó que planea reunirse personalmente con Lula.
A todas luces, el presidente norteamericano, tras unos meses de espera, decidió aplicar su mejor fórmula de negociador, la misma que lo llevó a ser uno de los multimillonarios más famosos del mundo y a ganarse la simpatía y el apoyo de partes de las élites de su país y del poder global.
Por lo que presenciaremos importantes novedades vinculadas al proceso hasta enero de 2026 porque Trump quiere seducir a Lula pata diferentes juegos y, lógicamente, Lula piensa hacer lo mismo con Trump.


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