A pocas horas de concluir su viaje oficial por China, Lula, junto a su homónimo chino, Xi Jinping, participaron de la firma de alrededor de 3 decenas de documentos de cooperación que fortalecerán la confianza y los resultados constructivos entre ambos estados.
Las áreas de comercio, finanzas e infraestructura sobresalieron ya que recibirán, en gran medida, los efectos de los acuerdos arribados en circunstancias internacionales que demandan una vinculación prolífica entre el hemisferio occidental y el hemisferio oriental.
Abogando por la robustez de los mecanismos multilaterales de la ONU, BRICS y el Foro China-América Latina, los dos líderes volvieron a confirmar el consenso de visión y práctica que sellaron hace más de una década
Claro está que Lula y Xi Jinping se aprecian como amigos y es esta amistad la que da un soporte para tonificar la reciprocidad en el marco de una alianza frente a las contrariedades que sus rivales les plantean en el día a día.
Para el gobernante brasileño, es de vital importancia que el gran jugador de la escena mundial, Xi Jinping, le acerque sus correspondientes recursos económicos y financieros, tecnológicos y geopolíticos para la estabilidad de su gobierno y el cumplimiento de sus objetivos para resguardar su capital político, la continuidad, en el gobierno, de su plataforma para después del 2026; aparte del cultivo de su papel internacional como una figura activa para determinadas organizaciones políticas y rompecabezas.
En lo que respecta a Xi, el líder chino cree que sería de mucha utilidad para sus cuestiones de geopolítica, un éxito de Lula, que su probable sucesor tenga el mando político del país que tiene el interés de Xi para ampliar el entendimiento estratégico integral sino-brasileño.
Sobre todo, para los años venideros que se caracterizarán por una dura contienda por la influencia global y las posibilidades de progreso de los Estados nacionales.


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