No cabe duda de que Israel viene gestionando un plan de cambio de realidad para la América ibérica a medida que se ocupa de tratar de reestructurar Medio Oriente a su criterio y de evitar que Europa Occidental terminé, social y políticamente, en las antípodas del sionismo.
Más precisamente, un sector del estado israelí está enfocado en implantar un proceso de reconexión de América del Sur y América Central con la empatía y los intereses geopolíticos de Israel.
Este propósito es lógico porque Israel, como estado y como actor de relaciones públicas, lleva más de dos y medio, disminuyendo en cuanto a popularidad, relaciones internacionales y envase moral en el orden mundial.
Aquí, no repetiremos la cantidad considerable de hechos que fundamenta el declive israelí en las dimensiones referidas ya que eso está claro aún para un protector de Israel como lo es Donald Trump.
Sin embargo, diremos que los resortes israelíes que se interesan por los países americanos multiplicaron sus acciones para:
- Desgastar mediáticamente y quebrar la imagen internacional de los líderes que tengan funciones de gobierno.
- Ayudar a sus aliados o socios regionales para que expulsen de la centralidad de los estados a las figuras señaladas como enemigas o no afines.
- Aportar para un rediseño de los puentes bilaterales, pero, esta vez, que sean colectivos regionales y ya no únicamente con uno o dos estados.
- Impulsar que los actores políticos que Israel ayudó a llegar a la gobernanza de sus respectivos estados sean ideológica y sentimentalmente más pro-Israel que partidarios de los Estados Unidos.
- Sembrar una generación de líderes para que la región objetivo, mirando hacia el futuro, siga los colores israelíes en lugar de otros colores nacionales o internacionales.
Para esto, los proponentes de este plan, piensan también en contar, además de los aliados históricos, con la presencia del gobierno indio y del poder marroquí en la región objetivo.
Debido a ello es que, en Jerusalén y Tel Aviv, hay funcionarios que muestran signos de optimismo, pese a que también hay otros que no miran con la misma óptica el papel que tendrá esta región con Israel en los años venideros.
En la mente de algunos visionarios israelíes, con profundidad estratégica, está que Iberoamérica no se suba únicamente a los Acuerdos de Isaac, los cuales son más que nada una canción melosa, sino que toda la región, si es posible, se una organizacional y definitivamente a Israel cuando ya no estén, en este mundo, los Netanyahu, los Trump y otros personajes de la política global, vinculando su futuro colectivo al destino de Israel.
No tanto para establecer un estado judío en algunos países de América del Sur, sino para que ese bloque regional juegue, en todo este siglo, junto a Israel en todas las tramas y las dimensiones de la geopolítica, la economía y la historia, incluso si Sion llegase a perder a un coloso occidental.
En concreto, en Israel, dentro de algunos foros, se plantea -no siempre en calma- sobre reinicios, en relaciones con especificadas partes del mundo, y en desvinculaciones obligadas con otras partes del mundo.
Todo esto, desde luego, tiene muchas complejidades y hasta laberintos que pueden socavar los altos anhelos que están detrás de este plan. Por lo tanto, es prudente no exagerar en cuanto a predeterminar resultados históricos que todavía ni siquiera asoman en el horizonte.


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