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La paz es fundamental: ¿por qué depende el futuro de Oriente Medio de la cooperación regional?

7–11 minutos

Estimados lectores en la gran traducción del día les traemos un artículo de Masoud Sadrmohammadi en UWI. Vamos:

Puede que Oriente Medio se encuentre al borde del colapso, pero la crisis actual supone, al mismo tiempo, una oportunidad para replantearse el orden regional.

La guerra de cuarenta días que Estados Unidos desencadenó contra Irán el 28 de febrero, independientemente de si se reaviva en un futuro próximo, ha marcado el inicio de una nueva era en la arquitectura de seguridad regional de Asia Occidental. Los principales hechos que ha puesto de manifiesto la reciente guerra son, en primer lugar, que Irán no es un país que pueda eliminarse o absorberse fácilmente.

A lo largo de los últimos cuarenta años, Irán ha realizado importantes inversiones en su infraestructura militar y ha alcanzado tal nivel de poder que puede entrar en una guerra regional en cuestión de horas y posee la capacidad de imponer sus exigencias incluso a dos potencias nucleares del mundo. Naturalmente, Irán presenta ciertas deficiencias, entre ellas problemas relacionados con sus capacidades de defensa aérea.

Sin embargo, la experiencia de la guerra de cuarenta días, en comparación con la guerra de doce días del año pasado, ha demostrado que Irán, por un lado, ha actuado con rapidez para subsanar estas deficiencias y, por otro, ha entablado una cooperación constructiva con otras potencias mundiales, como China y Rusia. 

Esta situación afectará, como es lógico, a las relaciones de Irán con los países de la región en el período de posguerra y en un futuro próximo, así como a la forma en que Teherán y las capitales árabes de la región se perciben mutuamente.

La segunda cuestión que ha puesto de manifiesto esta guerra es que la seguridad externalizada por los países de Oriente Medio no ha cumplido la función prevista. A lo largo de las últimas décadas, los países situados a orillas del sur del Golfo Pérsico han gastado decenas de miles de millones de dólares para financiar los costes de la presencia militar estadounidense en la región.

Aunque todo el mundo sabía que estas bases se habían establecido con el objetivo de proteger la seguridad de Israel y que los países árabes estaban pagando por la seguridad de Tel Aviv, desde la perspectiva de estos pequeños Estados, la existencia de dichas bases también constituía una fuente de seguridad para ellos. Sin embargo, la reciente guerra ha demostrado que estas bases no solo no aportaban beneficios en materia de seguridad a dichos países, sino que, además, les acarrearían graves crisis en condiciones reales de guerra.

Debido a la presencia de estas bases en territorio árabe, Irán lanzó ataques con misiles contra dichos países. Estos Estados, en primer lugar, fueron incapaces de defenderse por sí mismos y, en segundo lugar, Estados Unidos también se mostró incapaz de emprender ninguna acción significativa para defenderlos.

La tercera cuestión planteada inmediatamente después de la guerra se refiere a la futura configuración de la arquitectura política y de seguridad de Oriente Medio. La pregunta central es si Oriente Medio está a punto de entrar en una fase de colapso político y de seguridad, o si las crisis actuales podrían servir de preludio a la formación de un nuevo orden regional.

Una región que ya no es «normal»

Para responder a esta importante pregunta, no queda más remedio que reconocer que Oriente Medio ya no puede considerarse una región normal regida por las normas convencionales de la política internacional.

En una región normal, los Estados actúan basándose en cálculos de coste-beneficio relativamente claros, reconocen las líneas rojas de la parte contraria y disponen de mecanismos para contener las crisis. En el Oriente Medio actual, sin embargo, muchas de estas reglas se han visto debilitadas. Los Estados, los actores no estatales, las potencias extrarregionales y las alianzas temporales influyen simultáneamente en los acontecimientos.

Las guerras tampoco se limitan ya a enfrentamientos entre ejércitos. Los ataques aéreos, las operaciones de inteligencia, la guerra cibernética, las sanciones económicas, los asesinatos, la presión diplomática, las operaciones mediáticas y la movilización basada en la identidad se han convertido en componentes de un único conflicto.

La atención a este aspecto es una de las cuestiones más importantes que ocupan la mente de los responsables políticos iraníes. Esto se debe a que, desde la perspectiva de una parte significativa de la élite decisoria iraní, analizar la política iraní basándose en modelos derivados de regiones estables del mundo puede resultar engañoso.

Irán se encuentra en un entorno en el que ciertos actores no se limitan a buscar concesiones, sino que persiguen su debilitamiento estructural, su desintegración o la transformación de su carácter político.

El factor más importante que influye en esta cuestión es Israel, ya que no se le puede considerar simplemente como un Estado que mantiene un desacuerdo con Irán sobre una cuestión de seguridad o nuclear; más bien, el problema de Israel con Irán tiene dimensiones geopolíticas, ideológicas y a largo plazo. El análisis de la experiencia de las últimas décadas revela que el proyecto de Israel va más allá de limitar las capacidades nucleares o de misiles de Irán, y que persigue abiertamente la desintegración de Irán.

Por lo tanto, desde la perspectiva iraní, Irán no debe dar por sentado que la mera resolución de una cuestión concreta, como el expediente nuclear, pondrá fin a todas las disputas fundamentales con Israel. Incluso si se alcanza un acuerdo nuclear, seguirán existiendo cuestiones como las capacidades misilísticas de Irán, su poder regional, sus relaciones con los grupos de resistencia y la posición geopolítica del país.

Entonces, hay que hacer hincapié en que la estrategia de Irán debe basarse en la creación de una disuasión sostenible. La disuasión no significa simplemente poseer capacidades militares; más bien, el enemigo debe creer que cualquier ataque a gran escala contra Irán supondría unos costes superiores a sus posibles beneficios. Estos costes pueden ser militares, económicos, políticos y regionales.

Crear las condiciones para una retirada estadounidense

Desde la perspectiva de Teherán, uno de los medios más importantes para reforzar la disuasión de Irán y garantizar la seguridad regional es la necesidad de una retirada estadounidense de la región.

Irán considera que, además de ejercer presión sobre Estados Unidos aumentando los costes de la guerra, también debe crear las condiciones que reduzcan los costes de una retirada estadounidense para los países de la región. En otras palabras, Irán pretende establecer un orden regional en Oriente Medio sin Estados Unidos, cuya condición principal es la cooperación y la sinergia regionales.

Será posible abordar las preocupaciones en materia de seguridad de los aliados de Estados Unidos mediante la participación de potencias regionales, entre ellas Turquía, Egipto y Arabia Saudí. De lo contrario, Irán por sí solo no podrá, naturalmente, gestionar este entorno. Esta iniciativa podría incluir acuerdos de no agresión, acuerdos de seguridad marítima, cooperación en materia de energía, mecanismos de resolución de controversias y diálogo entre Irán y los países de la región, en particular los Estados árabes del Golfo Pérsico.

El problema más importante en estas circunstancias es la rivalidad regional poco constructiva. Existe la posibilidad de que, especialmente a instancias de Estados Unidos, determinados países de la región intenten llenar el vacío creado por el debilitamiento de la presencia estadounidense en Oriente Medio planteando exigencias maximalistas y tratando de establecer alianzas que amenacen los intereses de otros vecinos de la región.

Por lo tanto, los esfuerzos por crear un discurso regional compartido, los intentos de establecer un mecanismo regional de entendimiento y, en particular, la utilización de otras instituciones regionales emergentes en el mundo para crear un nuevo equilibrio figuran entre las cuestiones que ocupan un lugar destacado en el pensamiento de los responsables de la toma de decisiones iraníes.

La paz es vital, y no habrá alternativa a la cooperación regional

Un análisis lógico de la situación en Oriente Medio pone de manifiesto la realidad de que Irán y los países de Oriente Medio han llegado a un punto en el que o bien lograrán la estabilidad y el desarrollo mediante la cooperación entre ellos, o bien todos sufrirán como consecuencia de sucesivas guerras y colapsos. Una crisis en un país no se limitará a sus fronteras.

La guerra puede propagar por toda la región oleadas de migración, extremismo, inseguridad energética, interrupción del comercio, carreras armamentísticas e intervención de potencias extranjeras.

Por lo tanto, desde la perspectiva de Teherán, la seguridad de Irán no se define a través de una confrontación permanente con la seguridad de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Catar, Turquía u otros países vecinos. La seguridad regional es, por naturaleza, interconectada. Ningún país puede alcanzar una estabilidad duradera mientras esté rodeado de Estados fallidos y guerras permanentes.

Desde esta perspectiva, el concepto de un destino compartido puede servir como fundamento teórico de un nuevo orden regional. Dicho orden debería basarse en el diálogo, la no agresión, el respeto a la integridad territorial, la cooperación económica y la reducción de la dependencia en materia de seguridad respecto a potencias extranjeras.

En resumen, puede afirmarse que Irán no se enfrenta a una simple elección entre la guerra y la rendición. Existe una gama de opciones intermedias: la disuasión, las negociaciones limitadas, la cooperación regional, el aprovechamiento de las divisiones internas en Estados Unidos, el acercamiento a China y Rusia, la reducción de la vulnerabilidad económica y la propuesta de una iniciativa para la retirada gradual de las potencias extranjeras.

Al mismo tiempo, ninguna de estas opciones es suficiente por sí sola. El poder militar sin una economía fuerte se verá mermado; la diplomacia sin disuasión puede dar lugar a una mayor presión; y la dependencia de China y Rusia sin una política exterior equilibrada puede crear una nueva forma de dependencia. El discurso de la resistencia, asimismo, si conduce a convertir la guerra en una cuestión de prestigio y a ignorar sus costes humanos, puede acabar yendo en contra del interés nacional.

Para superar la situación actual, Irán necesita una estrategia multidimensional: preservar sus capacidades defensivas, evitar una guerra prolongada, abrir vías de negociación, fortalecer la economía y la cohesión interna, y presentar un plan regional que no contraponga la seguridad de los países vecinos a la de Irán.

Puede que Oriente Medio se encuentre al borde del colapso, pero la crisis actual supone, al mismo tiempo, una oportunidad para replantearse el orden regional. La cuestión fundamental es si los países de la región serán capaces de establecer sus propios mecanismos de coexistencia, cooperación y seguridad colectiva antes de que la guerra y la intervención extranjera determinen su futuro.


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