Al fin, Xi Jinping y Donald Trump se verán las caras en la Cumbre de la APEC este 30 de octubre. La ciudad anfitriona será Seúl y ya se hacen apuestas sobre los resultados que saldrán de ese encuentro de alto perfil de la geopolítica global.
Trump y Xi Jinping pospusieron varias veces, en el transcurso del año en curso, esta reunión porque, posiblemente, las condiciones no eran adecuadas o lo que estaba sobre la mesa no era del interés mutuo y ambos prefirieron no producir ninguna lucha libre cuando se vieran las caras.
La atmósfera que rodeará la conversación bilateral no será naturalmente de guerra, pero tampoco será de concesiones unilaterales porque la coerción estratégica que estos jugadores de la alta política mundial impusieron en los términos relacionales sino-estadounidenses ya tuvieron algunos efectos condicionantes y niveladores para una mesa de negociación que tienda a la avenencia en definidas áreas, aunque otras quedarán sin respuesta conclusiva ya que deberán ir reconstruyéndose con el concurso activo de otros jugadores del sistema internacional.
La normalización de un canal interactivo entre Trumpy Xi está cobrando vida para los distintas cuestiones que atañen a los intereses de los dos como también de una parte de los aliados de ambos.
En este punto, es dable recalcar que cualquier disociación de Xi respecto de Putin está descartada como así también queda excluida la ruptura china con Irán aun cuando negociadores estadounidenses lo peticionen. Sin embargo, sí es factible que Xi pueda darle una ayuda a Trump en los asuntos con los iraníes, pero no será en las dimensiones estrictamente trumpianas.
El acoso europeo-británico contra Pekín tampoco incidirá en la mente y el habla de Xi cuando el estadista chino le diga a Trump: Esto, si, Esto, no y Aquello, tal vez.
Y, en la interioridad de Trump, tampoco primará la influencia de los anti-chinos que gravitan en los órganos del poder de los Estados Unidos. No será una mesa de póquer ni una de ajedrez. Tales cosas no existen en las mesas del gran poder. No habrá categorías imperialistas ni antiimperialistas.
Será una cumbre emocionante, cuyo contenido publicado captará el interés de la prensa y el mundo. Y, quizá, se informe que los dos buenos amigos se visitarán mutuamente en 2026. Los dos querrán verse nuevamente. Los dos se necesitan en un punto de la historia en curso.


Deja un comentario