Los taiwaneses aliados al globalismo están concentrados en tratar de impactar en las decisiones de la Casa Blanca porque valoran que su jefe político no bregaría por la causa de la isla estado y que, por el contrario, sospechan que Trump los minimizaría cuando tenga que construir un acuerdo con Xi Jinping.
Dicho de otra manera, estos grupos de Taiwán desconfían del ciclo de negociaciones directas que comenzó entre Trump y Xi Jinping ya que se ven a si mismos como corderos que serán sacrificados por compromisos que giran en torno a otros escenarios y cuestiones fundamentales de la geopolítica global.
Es que razón no les falta porque Trump hizo poco o nada por tales taiwaneses y, en su lugar, los emplazó a que trasladen alrededor de la mitad de su infraestructura industrial de chips porque Estados Unidos necesita de esa transferencia y les suspendió la ayuda militar.
El poder limitado de Taipéi respondió que no cumplirá con la orden de Trump y eso molestó aún más al mandatario del hegemón yanqui y reforzó su predisposición a sacar del centro de discordia sino-estadounidense a Taiwán.
Este hecho fue comentado, en esta semana, por la CNN, al informar que el gobierno de Taipéi piensa en cambiar de representante diplomático en Washington e influir sobre el entorno de Marco Rubio, que es el funcionario que Trump empleó para que algunas dimensiones de la élite de la “Pax Americana” tengan una conexión con el mismo Trump y se sientan tranquilos en precisos expedientes internacionales.
Aunque el Secretario de Tesoro haya declarado que no abandonarán Taiwán por ningún acuerdo comercial, es evidente que Trump no le hará la guerra a China por Taiwán para desconsuelo de tantos atlantistas que durante años persiguieron un enfrentamiento a escala máxima contra China pretextando la amenaza china a Taiwán.
Mientras los taiwaneses adictos a los globalistas no saben qué hacer y cómo hacer para que Trump no los soslaye, el presidente de Estados Unidos dijo que tendrán una relación maravillosa y duradera con Xi Jinping; por su lado, el líder chino dijo que el desarrollo y el rejuvenecimiento de China están en consonancia con la visión de Hacer a Estados Unidos grande otra vez promovida por el presidente estadounidense Donald Trump, y no en conflicto con ella. China y Estados Unidos pueden lograr éxitos mutuamente beneficiosos y prosperidad común, y deben seguir siendo amigos.
Amigos y no enemigos. Y se sabe que dónde están los amigos, no pueden estar quienes no lo son. Y este último caso es el de Taiwán. Taipéi quedó fuera.


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