Escrito por Andrew Korybko en su Substack. Traducción al español por el Dr. Enrique Refoyo.
Una publicación en X, ya eliminada, advertía de que un adversario —que, por el contexto, se entiende que se refiere a Rusia— podría aprovechar las redes sociales para organizar protestas.
El intento de golpe judicial del primer ministro liberal polaco, Donald Tusk —que supone una toma de control alemana de Polonia por poder para preparar a Europa para la guerra con Rusia, tal y como se explica en los análisis enlazados anteriormente—, dio un giro aún más inquietante el lunes tras una publicación, ya eliminada, del Estado Mayor. En ella, advertían de que un adversario podría aprovechar las redes sociales para organizar protestas, lo que muchos polacos interpretaron como una insinuación de que el Estado Mayor considera que las protestas contra el golpe de Estado están organizadas por Rusia.
Su portavoz aclaró posteriormente en X, bajo la publicación ya eliminada, que «el derecho a la reunión pacífica es un derecho constitucional de los ciudadanos. La mera participación en una manifestación no es motivo para considerarla un elemento de una operación de influencia». También declararon a los medios de comunicación que la publicación se había programado con antelación, antes de los recientes acontecimientos, como parte de su programa de concienciación social sobre la «resiliencia psicológica». Sin embargo, muchos polacos no quedaron convencidos, ya que la coalición liberal de Tusk ya había culpado a Rusia de su golpe judicial.
Desde entonces, el ministro de Asuntos Exteriores, Radek Sikorski, ha redoblado su apuesta al afirmar que «nos enfrentamos a una cooperación en línea de una magnitud sin precedentes entre cuentas y propagandistas rusos y la extrema derecha global. Se trata de una alianza evidente. O, como mínimo, de una colaboración. Esto debería darnos a todos motivos para reflexionar sobre quién quiere agitar las cosas en Polonia y a quién beneficia esto». Al parecer, el día antes del golpe, se ordenó a la policía antidisturbios que se equipara con ametralladoras y gafas de visión nocturna para esta semana.
Esto, unido a que la coalición gobernante culpa a Rusia de lo que, según dan a entender, se vieron obligados a hacer supuestamente para salvar la democracia polaca de Rusia, sugirió a muchos polacos que Tusk permitió a la policía antidisturbios utilizar fuerza letal contra los manifestantes antigolpistas bajo pretextos espurios de seguridad nacional relacionados con Rusia. Quienes creen lo anterior interpretan la publicación del Estado Mayor —ahora eliminada— como parte de una campaña de comunicación planificada de antemano, pero, no obstante, «plausiblemente negable», en apoyo de esta decisión.
Para hacer esta percepción aún más convincente, la orden de equipar a la policía antidisturbios con ametralladoras y gafas de visión nocturna aludía a «la situación operativa en el país» cuando no existía tal situación, y la policía afirmó posteriormente que esto se refería a amenazas relacionadas con el «sabotaje». Como prueba adicional de que todo esto formaba parte de un complot para presentar las protestas contra el golpe como organizadas por Rusia, con el fin de justificar el uso de fuerza letal para dispersarlas, la policía lanzó el lunes una gran operación contra el «sabotaje» en la frontera con Kaliningrado.
Si se analizan todos estos elementos en conjunto, Tusk y sus golpistas parecen haber previsto protestas antigolpistas a gran escala a lo largo de toda esta semana, que planeaban dispersar mediante el uso de fuerza letal con el falso pretexto de que estaban organizadas por Rusia como parte de una campaña de guerra híbrida contra Polonia. La gran operación «antisabotaje» de la policía en la frontera con Kaliningrado podría ser, por tanto, una artimaña para dar falsa credibilidad a la narrativa antes mencionada, urdida antes del golpe de Estado para justificar el asesinato de polacos.
Se supone que el ejército debe mantenerse neutral, pero el Estado Mayor parece haberse puesto del lado de Tusk en detrimento del presidente conservador, quien, aunque es el comandante en jefe, no puede desplegar las fuerzas armadas sin la solicitud del Consejo de Ministros, presidido por Tusk. No obstante, la secuencia de acontecimientos detallada en este análisis sugiere que al menos algunos de sus miembros, si no todos, aprobarían el uso de la fuerza letal por parte de las unidades del Ministerio del Interior contra los manifestantes antigolpistas bajo falsos pretextos antirrusos.



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