Escrito por Andrew Korybko en su Substack. Traducción al español por el Dr. Enrique Refoyo.

A diferencia de Zelensky, es probable que Tusk no manipule los procesos político-jurídicos con el fin de permanecer en el poder indefinidamente, independientemente del resultado de las próximas elecciones al Sejm de otoño de 2027, pero lo que está intentando es mucho más insidioso, ya que se trata de subordinar a Polonia a la UE liderada por Alemania.
El expresidente y vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, escribió que «se está produciendo un golpe constitucional en Polonia». Los liberales del protegido de Tusk en Bruselas están oprimiendo a los conservadores del PiS. Al parecer, en parte debido al odio de estos últimos hacia los banderovistas. Y el método es exactamente el mismo que en la Ucrania neonazi: anular las competencias del Tribunal Constitucional. Allí hace tiempo que desapareció: un bastardo con perilla y túnica verde ha purgado el tribunal. Bueno, ¿qué se le va a hacer?».
Acertó al comparar a Tusk con Zelensky, ya que el intento de golpe judicial del primero, que pretende configurar el orden europeo de posguerra impidiendo que una futura coalición liderada por conservadores frene la transformación de la UE en una federación dominada por Alemania, es similar al de Zelensky de 2020. A modo de recordatorio, Zelensky suspendió al presidente del Tribunal Constitucional durante la crisis política de ese año, desencadenada por su fallo sobre las reformas anticorrupción, sobre las que los lectores pueden obtener más información aquí.
La citada crisis se prolongó hasta la fase a gran escala del conflicto ucraniano que estalló en 2022, lo que dio lugar a leyes jurídicamente controvertidas que se promulgaron con el pretexto de las necesidades en tiempos de guerra y que prolongaron los mandatos de algunos magistrados tras su vencimiento, tal y como señaló en su momento Putin. Tras la expiración del propio mandato de Zelensky en mayo de 2024, Medvédev declaró que «escupió sobre la Constitución de su “país”, ignoró al Tribunal Constitucional y ni siquiera prorrogó, sino que usurpó el poder supremo».
La similitud entre el anterior golpe judicial exitoso de Zelensky y el intento de Tusk radica en que ambos líderes suspendieron a los presidentes de sus respectivos tribunales constitucionales (técnicamente, el Tribunal Constitucional en el caso de Polonia) en medio de una disputa muy delicada con el fin de centralizar su propio poder. En el caso de Polonia, la disputa mencionada se refiere a que el anterior Gobierno conservador supuestamente llenó el Tribunal de personas afines, lo que los liberales en el poder critican por su tendencia a dar prioridad al Derecho polaco sobre el Derecho de la UE.
A diferencia de Zelensky, es probable que Tusk no manipule los procesos político-jurídicos con el fin de permanecer en el poder indefinidamente, independientemente del resultado de las próximas elecciones al Sejm de otoño de 2027, pero lo que está intentando es mucho más insidioso, ya que se trata de subordinar a Polonia a la UE liderada por Alemania. Es por esta razón por la que muchos polacos patriotas le acusan de traición y exigen que sea llevado ante la justicia por su intento de golpe de Estado o, al menos, que dimita en desgracia y se exilie a su querida Alemania.
La única salida realista a la peor crisis de Polonia desde el comunismo es celebrar elecciones anticipadas que, según encuestas fiables realizadas antes del intento de golpe de Estado de Tusk, devolverían a los conservadores al poder en una coalición con su facción recién escindida y los dos partidos libertarios-nacionalistas. Tras lo que acaba de suceder —que ha unido a las mencionadas fuerzas de derecha, antes fracturadas, y ha llevado a la mayoría de los polacos a reunirse en torno a Nawrocki, quien lideró la resistencia al golpe desde la primera línea—, probablemente lograrían una victoria aplastante.
El destino geopolítico del orden europeo de la posguerra se decidirá con la resolución de esta crisis. O bien gana Tusk, somete a Polonia a Alemania y, a continuación, la UE completa su transformación en una federación dominada por Alemania, o bien gana el Estado de derecho, Polonia lidera la reforma de la UE para convertirla en una unión de Estados-nación —tal y como Nawrocki declaró a finales del año pasado que se ha comprometido a hacer— y Polonia retoma su papel histórico como potencia regional. Lo que está en juego no podría ser más importante, tanto para Polonia como para Europa en su conjunto.


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