Escrito por Leonid Savin en Regnum. Traducción al español por el Dr. Enrique Refoyo.
El 4 de noviembre, el presidente paraguayo Santiago Peña dimitió en medio de un escándalo cada vez mayor. «He decidido dimitir como presidente de la República», anunció, y añadió que lo hacía «por el bien de la estabilidad del país, la paz social y la necesidad de preservar las instituciones democráticas».
El Partido Colorado, de derecha y en el poder, había respaldado previamente un proceso de destitución contra el presidente. Su líder, el empresario y expresidente Horacio Manuel Cartes, escribió en las redes sociales: «No apoyaremos la malversación de fondos públicos y privados ni de los ahorros de pensiones».
Un informe oficial de los legisladores indicaba que Peña estaba acusado de un conflicto de intereses por permitir una concentración ilegal de fondos de la seguridad social en un banco en dificultades y por no haber puesto fin a las irregularidades a tiempo.
Un día antes, el 3 de noviembre, había estallado una grave crisis tras el cierre del Banco Ueno, que prestaba servicio a casi tres millones de clientes —aproximadamente el 80 % de la población adulta del país—. La decisión del Banco Central de cerrar la entidad provocó la congelación de las cuentas de los clientes particulares, así como de los fondos públicos y los ahorros de pensiones. Según los informes, el banco gestionaba más de 800 millones de dólares en fondos públicos.
Anteriormente se había descubierto que el coeficiente de solvencia del banco había caído por debajo del 50 % del mínimo reglamentario. Al mismo tiempo, el banco había estado concediendo préstamos a diversas organizaciones cuya dirección resultó estar vinculada a él. En pocas palabras, se trataba de una trama de corrupción.
Y el propio presidente estaba implicado en él. Fue Peña quien había autorizado la licencia de funcionamiento del banco digital. Posteriormente, el banco ganó una considerable popularidad entre el público, en gran parte gracias a su aplicación móvil, que ofrecía una amplia gama de funciones muy prácticas. La entidad era propiedad del Grupo Vázquez, y Peña era su socio comercial.
Además, Carlos Carvallo, el expresidente de Ueno, fue nombrado por Peña para dirigir el Banco Central, la misma institución responsable de la supervisión financiera. En la práctica, proporcionó una tapadera para prácticas cuestionables. No fue hasta que el coeficiente de solvencia cayó por debajo del 50 % del mínimo exigido cuando el Congreso —el poder legislativo— intervino.
El ahora expresidente declaró que era esencial garantizar la devolución de los fondos depositados por los ciudadanos y asegurar que el Fondo de Garantía de Depósitos cumpliera con su mandato. Sin embargo, el importe asegurado, según las obligaciones del fondo, no supera los 38 000 dólares. Por lo tanto, sigue sin estar claro si las autoridades podrán encontrar los recursos necesarios para indemnizar a los depositantes y reactivar el sistema de la seguridad social.
Hay otro aspecto con implicaciones geopolíticas: Ueno financió diversos movimientos de derecha en toda América Latina, en consonancia con los intereses del Partido Colorado y sus líderes.
Además, existen sospechas de que también se destinaron fondos para satisfacer las necesidades de Donald Trump, quien ha declarado que América Latina es el «patio trasero» de Estados Unidos. Washington había apostado por el Gobierno de derecha de Peña en Paraguay como medio para contrarrestar a los Gobiernos de izquierda de los países vecinos.
En este contexto, salió a la luz un detalle interesante. En un acto celebrado en la finca Mar-a-Lago de Trump, se entregó un premio a Fernando Cerimedo, un financiero argentino conocido por su apoyo a movimientos de extrema derecha en América Latina.
Cerimedo mantiene estrechos vínculos con el sector de las tecnologías de la información —en particular con la gestión de granjas de bots y la creación de la red de noticias falsas La Derecha Diario, dedicada al acoso de opositores políticos—. También ejerció como asesor del argentino Javier Milei durante su campaña presidencial. Además, a Cerimedo se le ha denominado el «hombre MAGA» de América Latina.
En agosto de este año fue detenido en Bolivia acusado de tráfico de drogas e intento de asesinato.
Inmediatamente salió a la luz una conexión entre Cerimedo y el paraguayo Andrés Rivas. Rivas es uno de los asesores del Gobierno de Peña y participa activamente en asuntos internacionales. Participó directamente en reuniones oficiales y viajes diplomáticos junto a él bajo los auspicios del Ministerio de Asuntos Exteriores de Paraguay, incluida la inauguración de la embajada en Israel y reuniones con el Consejo de las Américas y la conservadora Heritage Foundation, con sede en Estados Unidos.*
Por lo tanto, es comprensible que la detención de Cerimedo causara alarma en los círculos gubernamentales de Asunción.
En un contexto más amplio, la reciente victoria del Partido Demócrata de EE. UU. también podría afectar a la política exterior de Washington hacia los países latinoamericanos, y escándalos de este tipo podrían dar lugar a una serie de investigaciones.
Además, si se demuestran los vínculos entre el tráfico de drogas y los políticos de derecha en América Latina —la oposición paraguaya cree que el Ueno Bank también servía de «lavandería» para el dinero de la droga—, esto podría crear problemas adicionales para la Casa Blanca, y su iniciativa «Escudo de las Américas» contra los cárteles de la droga de la región parecería una tapadera para la injerencia en sus asuntos internos.
Y mientras que hasta ahora los dirigentes estadounidenses han dirigido acusaciones de implicación en el tráfico de drogas contra diversos movimientos y grupos de izquierda, puede que se acerque el momento en que las investigaciones periodísticas sobre el narcotráfico latinoamericano no solo incluyan información sobre el presidente ecuatoriano Daniel Noboa, sino que también pongan al descubierto una red más amplia de políticos de gobiernos de derecha.
En cualquier caso, en la propia América Latina el término «narco-derecha» se utiliza habitualmente desde hace tiempo.
*Designada como organización indeseable en Rusia; sus actividades están prohibidas.


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