Pedro Sánchez no dimite pese a la descarada corrupción de todo su partido

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En un Partido plagado de inútiles, golfos y trepas de todo pelaje y condición como es el PSOE, resulta muy extraño que se produzca alguna dimisión. Los caraduras que componen esta putrefacta formación no se verían frente a otra oportunidad así en su vida, y volver a su insignificante profesión anterior no es una opción. El jefe de la banda no es la excepción, sino la regla.

Una vez más, el cabecilla de esa mafia barata socialista, se ha negado a dimitir después del enésimo escándalo protagonizado por su círculo más cercano. Algo esperado en un individuo carente de cualquier referente moral como es el Presidente del Gobierno.

Pedro Sánchez, probablemente el Presidente más odiado de la Historia de España, se ha atrincherado en la sede del Partido Socialista ofreciendo una rueda de prensa, en la que ha intentado una vez más echar balones fuera frente a los abrumadores escándalos de corrupción que están golpeando de forma contundente a la formación que dirige.

Como era de esperar ha culpado de nuevo a los bulos y a la extrema derecha, a la que acusa de estar ejerciendo una cruzada contra él. En definitiva, ha evitado asumir la responsabilidad derivando las culpas hacia sus dos ex secretarios de organización.

El problema es que esos dos ya ex secretarios de organización eran quienes le acompañaban en su viaje a la Alcarria por toda la geografía española en las primarias del Partido de hace ya ocho años a bordo de un Peugeot 406.

Tres truhanes, cuatro junto a Koldo, que pasaron del Peugeot y el bocadillo en los bares de carretera a dirigir los resortes de una Nación tan importante como España. Todo ello por obra y gracia de unos votantes analfabetos, frustrados y llenos de odio de clase como son todos los militantes y simpatizantes de esa carroñera organización.

El acceso al Gobierno de una Nación debe realizarse por cauces más selectivos. Los españoles no pueden consentir por más tiempo, que una organización que lleva robando y haciendo trampas desde su fundación, gobierne en detrimento de personas honradas.

El actual sistema electoral premia a lo peor de la sociedad, marginando a su vez a los individuos más válidos.


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