No cabe la menor duda de que la organización estatal ucraniana se metamorfoseó en un cuerpo degradado determinado por la corrupción.
Así también lo perciben numerosos ciudadanos de Ucrania para quienes los sobornos, la malversación de fondos públicos y el tráfico de influencias, en todas las instituciones del estado, son moneda corriente.
Una investigación del Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS) informó que, al menos, el 54% de los ucranianos considera a la corrupción de las autoridades del estado como la mayor amenaza para el mismo pueblo de Ucrania.
Pero diversos profesionales de sondeos de opinión valoran que esta última encuesta no reflejaría la opinión completa de los ucranianos sobre la corrupción ya que, en 2025, Gallup publicó su estudio de opinión donde se destacó que el 85% de los ucranianos creía que la corrupción era, de hecho, un sistema en el gobierno de Zelenski.
Según datos actualizados de la Oficina Nacional Anticorrupción, se instruyeron 737 nuevos casos de corrupción el año pasado donde más de dos centenares de personas que trabajan en el estado fueron acusadas de hechos de corrupción.
Sobre este crecimiento en las denuncias y sus posteriores investigaciones, algunos expertos afirman que el auge de la corrupción es mucho mayor que la cantidad que abordan las autoridades correspondientes y que, en cierta forma, no hay, desde las esferas políticas ni judiciales, un auténtico mani pulite.
Siguiendo estas evaluaciones, a los organismos de anticorrupción y de la fiscalía no les habría quedado otra opción que hacer dicho movimiento y justificar de ese modo su papel ante la ciudadanía y ante el gobierno de Trump.
Pese a lo cual, otros ángulos de observación declaran que las maniobras de presunto celo público de las autoridades judiciales guardan más relación con un conflicto entre clanes de la élite gobernante de Ucrania que a razones de salud moral.
Los escándalos de corrupción también están salpicando a funcionarios actuales y pasados del poder judicial donde hay involucrados de alto perfil como, por ejemplo, el expresidente del Tribunal Supremo, Vsevolod Knyazev, quien está siendo juzgado por sobornos.
La comandita que, por el momento, prevalece en Kiev se apoderó tanto del dinero del pueblo ucraniano que opera todas las acciones posibles para seguir impune y continuar esquilmándolo.
Una engañosa y precipitada respuesta institucional indica que Ucrania tendría una nueva estrategia anticorrupción para el 2030, pero, a juzgar por el cúmulo de pruebas, esto es sólo un cuento para niños.


Deja un comentario