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La encrucijada de la política exterior de las Maldivas

4–6 minutos

Estimados lectores en la gran traducción del día les traemos un artículo del historiador Mehmet Enes Beşer en UWI. Vamos:

Entre las olas de la voluntad nacional y las corrientes globales

Una pequeña nación insular tropical situada en la confluencia del océano Índico, en el archipiélago de las Maldivas, con sus playas de arena blanca y aguas turquesas, dista mucho de ser el destino idílico que imaginan los turistas.

Por el contrario, representa un país que se ha convertido en un actor clave en el panorama político del Indo-Pacífico, con políticas exteriores que desempeñan un papel cada vez más crucial en un contexto geopolítico dominado por los retos medioambientales y la competencia entre las grandes potencias.

La creciente atención internacional ha obligado a las Maldivas a lidiar con un conflicto fundamental entre las necesidades políticas internas y las crecientes responsabilidades internacionales. Mantener este precario equilibrio requerirá algo más que habilidades diplomáticas; exigirá una política exterior coherente y con visión de futuro basada en los intereses nacionales, la responsabilidad regional y la sostenibilidad.

Desde 2008 hasta la actualidad, la democracia en la nación ha mostrado ciclos de populismo nacionalista, liberalismo y debilidad. Esos ciclos han tenido repercusiones reales en la política exterior del país, especialmente si se tiene en cuenta la forma en que los distintos gobiernos han desarrollado las relaciones estratégicas.

El Gobierno del presidente Mohamed Muizzu representa un enfoque más firme y soberano, en particular en lo que respecta a las relaciones con la India. El sentimiento de «India Out», fruto del nacionalismo, la soberanía y la política de oposición, puede parecer una señal del aumento de la soberanía y la independencia del país.

Sin embargo, también se trata de una medida arriesgada que podría poner en peligro las relaciones con un país vecino que ha ayudado a Sri Lanka en momentos difíciles anteriores, proporcionándole asistencia médica y respuesta ante catástrofes.

El cambio en las relaciones con la India debe entenderse en el contexto de la rivalidad regional entre dos grandes naciones. El papel cada vez más importante de China en el Océano Índico, impulsado por la iniciativa «La Franja y la Ruta», aporta tanto inversiones como infraestructuras. Iniciativas como el puente de Sinamale y los programas de vivienda respaldados por China ofrecen beneficios tangibles, aunque también existen riesgos asociados a la deuda y a la vulnerabilidad estratégica.

Como nación económicamente inestable, vulnerable y aislada, un juego de suma cero entre China y la India no traerá más que problemas al país. Por lo tanto, se requiere una diplomacia de alto nivel que permita obtener beneficios para el desarrollo de todos los países implicados y mantener la neutralidad en las rivalidades entre las grandes potencias.

Las dinámicas internas también ejercen presión sobre los responsables políticos. Existe una fuerte presión por parte de la población para que se mejoren las infraestructuras y las oportunidades de empleo; por lo tanto, el Gobierno no tiene más remedio que llevar a cabo proyectos de desarrollo financiados por inversores extranjeros.

El contrato social de la nación se está poniendo a prueba, ya que la falta de transparencia en los acuerdos de política exterior, el aumento de la deuda y la insuficiencia de consultas generan dudas sobre la soberanía. Los responsables de la política exterior deben encontrar la manera de evitar que la ayuda extranjera socave la soberanía y la rendición de cuentas de la nación.

Por último, otro aspecto de la situación es el cambio climático, que representa una cuestión primordial de supervivencia para las Maldivas. El cambio climático convierte la política exterior en una cuestión de supervivencia, ya que el aumento del nivel del mar amenaza las costas y, por extensión, comunidades enteras. En este sentido, la nación puede enorgullecerse de su papel en la promoción de la acción global contra el cambio climático. No obstante, será crucial demostrar coherencia con las acciones de acuerdo con los compromisos internacionales.

Teniendo en cuenta todos los factores anteriores, una cuestión clave cobra aún mayor relevancia: ¿qué tipo de política exterior debería desarrollar Maldivas?

Para empezar, la política exterior debería ser estratégica más que táctica. Una política exterior basada en la política interna y en las opiniones populares no puede garantizar la prosperidad futura del país. Es importante alcanzar un acuerdo bipartidista en torno a cuestiones estratégicas, como la seguridad marítima, la resiliencia climática y la soberanía económica.

Otro aspecto a tener en cuenta es que la neutralidad no puede ser sinónimo de pasividad. En este sentido, la «no alineación inteligente» constituiría una buena estrategia que implica una participación activa con diversas partes y un mayor multilateralismo; en particular, el fortalecimiento de la cooperación con otros pequeños Estados insulares y la participación en organizaciones regionales, como la IORA.

Además, la diplomacia económica debería centrarse en la resiliencia, en particular en la diversificación de la economía, las inversiones y la gestión de la deuda con mayor transparencia. La transparencia en los contratos con el extranjero es fundamental para la soberanía.

Además, la capacidad institucional de los organismos de asuntos exteriores debería reforzarse aumentando su autonomía, sus competencias profesionales y su experiencia en materia de negociación, ejecución y supervisión de las transacciones con el extranjero.

Por último, los ciudadanos deben seguir siendo el núcleo de la política exterior de la nación. La educación cívica, la diplomacia pública y las consultas son necesarias, ya que la política exterior repercute directamente en el empleo, los precios, la seguridad y la identidad nacional.

En general, la posición actual de la nación en la encrucijada entre las esferas política internacional y nacional ofrece una oportunidad que también conlleva ciertos riesgos. No obstante, esta posición le confiere una influencia que le permite hacer oír su voz más allá de sus fronteras. Para prosperar en la competitiva región del Indo-Pacífico, la nación debe desarrollar una estrategia de política exterior que mantenga el equilibrio entre los distintos aspectos y no oscile entre ellos.


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