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Jeffrey Sachs: Trump no dirige la política exterior estadounidense

2–3 minutos

Jeffrey Sachs, economista premiado internacionalmente, se refiere categóricamente al complejo militar-industrial y a las agencias de inteligencia como la administración realmente gobernante en los Estados Unidos, siendo Trump y, antes que él, Obama y Biden, marionetas de ese poder.

El profesor, que asesora al Vaticano y a círculos chinos, menciona son las estructuras del “estado profundo” las que dictan la política exterior y son estás organizaciones las que formularon la primacía mundial estadounidense y elevaron la designación de China como enemiga porque vieron que el polo chino lo estaba haciendo bien  en la década del 2010.

La gran estrategia de Estados Unidos es ser el número uno. Y el ascenso de China, dicen estos autores, es una amenaza para que Estados Unidos sea el número uno. No dicen que China sea malvada ni que haya hecho algo terrible. No dicen que China sea una amenaza para la seguridad nacional o la prosperidad de Estados Unidos. Dicen que el éxito de China es una amenaza para la gran estrategia estadounidense de ser el número uno, le dijo Sachs al juez Andrew Napolitano.

Este experto en materia de relaciones internacionales, continuo diciendo que esos estrategas unipolares articularon esa  idea como núcleo de la política estadounidense.

Sachs recordó que Barack Obama lanzó el Acuerdo del TransPacífico para excluir a China, pero que esa tentativa terminó en un fracaso rotundo. Afirma que estos desarrolladores de política antichina actúan como niños porque tachan a China con una X en un mapa.

Basándose en su experiencia acumulada de de 44 años de comprensión directa de China, recorriendo todo  Sachs dijo “He recorrido todo el país.He estudiado extensamente la historia china. He publicado sobre China. He escrito extensamente sobre las reformas chinas. China no es un enemigo. China no está haciendo nada que amenace la seguridad estadounidense. No hay razón para que Estados Unidos considere el bienestar de China como perjudicial para sus intereses. El auge de China tampoco perjudicó a Estados Unidos”.

Con sus puntos de vista, Sachs busca aclarar que son las facciones de poder organizadas y controladoras de Estados Unidos las que, en primer lugar, definieron a China como enemigo a destruir y que, en segundo lugar, Trump y sus colaboradores, alinearon sus praxis con las prioridades del “estado profundo”.

Desde luego que esta interpretación no es aceptada por reconocidos hombres de la plataforma de Trump -y afines a la misma- ya que consideran que es el “gobierno en la sombra” el que devaluó a los Estados Unidos en beneficio de China. Así, vemos dos comprensiones y dos narrativas que compiten en el discurso político y cultural del estado americano.


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