El Big Bang Mundial y la interacción entre Trump, Xi y Putin

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El Big Bang Mundial todavía no se produce. La tan difundida gran explosión donde el orden internacional estallaría por completo y, prácticamente, no quedaría nada ni nadie en pie se estaría haciéndose rogar, al parecer.

Con lagunas que son perfectamente entendibles, con varios e importantes expedientes sin resolver, con mucha presión de los globalistas y con exigencias provenientes de la hora actual de la Historia, Donald Trump y Xi Jinping renovaron su compromiso de hacer lo que a ellos les corresponda para que los enemigos en común que ambos poseen no obtengan sus resultados que, hasta casi con cierta desesperación, vienen buscando realizarlos.

Se pueden decir muchas cosas en contra de estos dos líderes. También se les puede denostar por algunas de sus prácticas, pero, inobjetablemente, estos dos mandatarios demostraron -contra el sensacionalismo de tantos virales comentócratas- que ellos quieren llevarse bien entre sí, en los temas en que puedan hacerlo, claro está.

Uno y otro pueden mostrar a sus respectivos pueblos que no deben temer porque, mientras ellos continúen en sus actuales funciones, no ordenarían ninguna guerra entre los Estados Unidos y China.

No importa si uno y otro no quieren emprender la guerra bilateral mutuamente aniquiladora debido a cálculos prudenciales o por puro miedo en terminar liquidados en la disputa.

La cuestión es que ambos harán cosas para que los lazos no se rompan y sus países no se relacionen entre sí mediante una guerra brutal.

En vísperas de la reunión entre Trump y Xi Jinping, Marco Rubio, quien ostenta el cargo de Secretario de Estado, informó que el presidente estadounidense le extendió una invitación formal a su par ruso, Vladímir Putin, para que acuda a la cumbre de líderes del G-20 de mediados del próximo mes de diciembre en el Trump National Doral Miami.

No fue casual la información provista por Rubio, fue todo un mensaje dictado por la persona del presidente Trump.

Y, como no podía ser de otra manera, los demócratas globalistas pegaron el grito en el cielo. Claro, para ellos Putin no debe volver a EE.UU. y, menos aún, para reunirse con Trump.

Putin, como se sabe, tiene relaciones buenas con los presidentes de China y de Estados Unidos y estos dos lo respetan a la autoridad rusa. Una anatema, según los globalistas.


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