La controversia entre Lula da Silva y Donald Trump no se detiene y, como sugieren los datos en el terreno, la misma tenderá a una escalada que será dura a partir del próximo mes de mayo.
Para tal fin, Lula sabe que necesita fortalecer su expansión en la nación brasileña, darle una mayor consistencia a sus aliados nacionales e incrementar la cooperación con sus aliados internacionales, incluyendo a los miembros de los BRICS Plus y al Vaticano con la línea latinoamericana.
En virtud de ello, Lula se apresta a movilizar su fuerza interna y acrecentar su rol en la arena internacional, participando activamente de una alianza global anti-Trump.
Desde el Palácio do Planalto, afirman que el elenco gubernamental se vino preparando para el choque con el actual inquilino de la Casa Blanca y para cortar las aspiraciones políticas del expresidente conservador Jair Bolsonaro, quien se imagina regresar al gobierno con el estilo Trump.
La estrategia de Bolsonaro abarca el funcionamiento de distintas variables y la actuación en diferentes etapas temporales.
En medio de ello, deberá eludir terminar como culpable en el proceso judicial que investiga un intento de golpe de estado para impedir que Lula sea investido como presidente.
Estas acusaciones son rechazadas por el lado de la familia Bolsonaro, pero son creídas como un dogma por los funcionarios que sustancian la causa judicial.
Fuentes confiables vaticinan que Trump no se quedará de brazos cruzados viendo cómo intentan encarcelar a su amigo Jair y que instruirá lo que corresponda para taponar los planes más sensibles de Lula.
Por lo tanto, se espera con sumo interés la clase y la profundidad de la ayuda que provendrá de Estados Unidos para Bolsonaro y el futuro político de la plataforma de los conservadores de Brasil.
Lula está convencido de que puede confrontar y contener con éxito a Trump, mientras que el presidente republicano cree que podrá contender y vencer a Lula y sus aliados.


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