Tras un año de demandas y controversias, el Comité Noruego del Nobel dio por concluido, al menos, en este 2025, el sueño de Donald Trump de llevarse el premio Nobel de la Paz.
En su lugar, este premio que hace muchas décadas dejó de ser de la «paz», fue para la opositora venezolana María Corina Machado, quien no se cansa de pedir una intervención militar extranjera para resolver las cuestiones pendientes con el régimen de Nicolás Maduro.
Una Corina Machado que no tiene chances de terminar como presidenta de Venezuela, a pesar de que propicia esa «alternativa» y está más alineada -desde el principio al fin-con el neoconservadurismo de alcance global que con el conservadorismo soberanista o con el mismo trumpismo.
A ciencia cierta, no existe, en la primera fila de la dirigencia opositora de Venezuela, una figura que sea íntegramente soberanista o partidaria de MAGA. En tal sentido, es aconsejable ser prudentes e inteligentes y saber diferenciar un discurso político emitido desde el llano para ganarse las simpatías de los votantes y del mismo inquilino de la Casa Blanca del espíritu real que tenga, por ejemplo, Machado.
Quienes conocen de cerca el entramado político opositor venezolano saben de ciertas inclinaciones reñidas con la honestidad de Corina Machado.y hasta pueden recordar fácilmente ciertos incumplimientos suyos para con otros embanderados con la oposición a los izquierdistas poschavistas.
Claro que la inmerecida Corina Machado es una conocida de Marco Rubio, quien tampoco será presidente, y hasta fue uno de sus promotores al Premio en 2024 e, irónicamente, el presidente jefe que lo contrató para el cargo de Secretario de Estado vio que la pupila de Rubio se llevó para Caracas el tan preciado -para el corazón de Trump- premio.
Por supuesto y en todos los sentidos, los oponentes de Trump se ríeron del presidente y facilitaron que la venezolana sea quien delante del odiado -por ellos- Trump sea proclamada Premio Nobel de la Paz sin haber nunca hecho nada por ninguna paz. Porque, al fin y al cabo, María Corina Machado es un juguete.
Pero Trump sabrá descargar su venganza personal hacia quienes considera responsables de tal maniobra y también hacia América del Sur.
Sus amigos musulmanes le habían ayudado, a última hora, a Trump para que consiguiera el Premio -con el acuerdo de Gaza- pero no pudieron celebrar junto al presidente de los EE.UU.


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