Si hay un conflicto armado, en el presente, que la mayoría del mundo quiere que acabe ya es la guerra en Gaza por todo lo horrible y monstruoso, esgrimen los indignados, que en el territorio palestino.
Para numerosas personas y elencos gubernamentales, lo que sucede en Gaza no es una guerra, sino que es un deliberado y organizado genocidio por parte de las fuerzas políticas y militares sionistas; en cambio, para muchos israelíes y miembros del gobierno de Trump no acontece ningún genocidio porque tales acusaciones son una campaña propagandística artificial para triturar la reputación de Israel.
En el medio de estas apreciaciones, hay, en todas partes, un consenso generalizado en términos globales: es inmoral e inhumano la continuación de la guerra en Gaza.
Por tal motivo, hay conversaciones entre personalidades gubernamentales de varios países de culturas musulmanas y no musulmanas de crear una fuerza militar para intervenir en el escenario gazatí con el objeto de impedir que prosigan las operaciones militares israelíes y forzar a la finalización de la guerra.
Participan en estos diálogos algunos gobiernos de Asia, África y América (pero no la “América anglo”, sino la otra ) para hilvanar esta propuesta que, si toma formas materiales, será histórica y definidamente influyente para cerrar el actual ciclo de guerra en Gaza.
Podrían ingresar a este ejército internacional, los militares de, por lo menos, tres países americanos y el número total esta pensada estructura militar superaría los 80 mil soldados. Es una cantidad suficiente para frenar a las fuerzas beligerantes en Gaza, específicamente la israelí.
Pero los iniciadores de esta idea desean tener la autorización de las Naciones Unidas, una condición que no sería factible de obtener.
Por su lado, el Estado Mayor de las FDI no tiene planes de retirarse por sí mismas de Gaza y, al parecer, compraron la idea de anexar Gaza para siempre, lo que significaría nadar en una montaña. Hay militares israelíes retirados que advierten a sus camaradas sobre esa imprudencia y desnortamiento estratégico.
Mientras tanto, el buscador del Nobel de la Paz, el siempre polémico Donald Trump, les transmitió a los árabes que la solución final está en el último plan que les expuso en Nueva York y que consistiría en la retirada gradual de las FDI de Gaza, a cambio de la liberación de los rehenes israelíes, de la eyección de Hamas del proceso político posbélico y la implantación de una fuerza militar árabe e islámica para dar seguridad a Gaza y desarmar a Hamas en un gobierno de transición que lideraría Tony Blair u otro personaje occidental.
La finalización de la guerra con una fuerza árabe extranjera que le haga el trabajo menos limpio y más traumático para Trump.
Respecto del incentivo para que los militares árabes no palestinos confronten con Hamas, se suscitaron cuestionamientos entre los árabes porque creen que eso se trataría de un engaño de Trump al que los árabes no deberían someterse.
Por lo cual, asistimos a tres impulsos, a tres planes de intervención militar ya sea para proteger al pueblo gazatí, o para expulsarle y anexar ilegalmente su territorio o para ponerlo en el medio entre enfrentamientos de Hamas y los militares de países árabes.


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