Estimados lectores, en esta gran traducción al español del día les traemos un nuevo artículo en Telegra.ph del gran geopolítico brasileño, Pepe Escobar. Recuerden que también tienen otros artículos previos aquí disponibles.
Aunque el largo y sinuoso camino hacia una posible vía para la reanudación de las relaciones diplomáticas se encuentra sumido en un mar de escepticismo, una pequeña ventana de oportunidad revela que la guerra de EE. UU. contra Irán podría estar volviendo a la mesa de negociaciones. Pero según la estrategia de Irán, no la de Washington.
Según mediadores y fuentes bien informadas pakistaníes, el pasado lunes una delegación estadounidense se reunió con el mariscal de campo Asim Munir en el cuartel general del Ejército en Rawalpindi.
Una fuente de alto nivel ha identificado que la iniciativa partió de la oficina del vicepresidente de EE. UU., J. D. Vance, y que transmitía el contenido de la oferta de Washington: suspender los bombardeos ordenados por Trump que podrían conducir a unas posibles «Puertas del Infierno» (retórica del presidente de EE. UU.), y retomar las negociaciones, pero situando el expediente nuclear a la cabeza de la agenda.
Inmediatamente después de la visita, un trío de negociadores —Asim Munir, el ministro de Asuntos Exteriores, Ishaq Dar, y el ministro del Interior, Mohsin Naqvi— completó el ciclo de consultas con Teherán.
Esto ocurrió justo después de la tercera visita consecutiva de Naqvi a Teherán en cuestión de unas pocas semanas. Llevaba consigo un mensaje personal de Asim Munir para el ayatolá Mojtaba Jamenei, junto con otro mensaje del primer ministro Shehbaz Sharif.
Naqvi también se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y con el ministro del Interior, Eskandar Momeni. A la vuelta, Momeni entregó un mensaje confidencial de los dirigentes iraníes directamente a Munir.
Traducción: Irán y Pakistán mantienen conversaciones a tiempo completo en los más altos niveles del Gobierno.
Lo que sigue es crucial, ya que no hay confirmación oficial por parte de Teherán, a pesar de que Araghchi siempre reafirma, de manera oficial, que las vías diplomáticas están abiertas, siempre y cuando exista respeto mutuo. El punto clave es que los mediadores pakistaníes insisten en que Irán consideraría volver al marco del memorando de entendimiento de Islamabad. Pero, por supuesto, nunca bajo las amenazas características de la Administración Trump.
La secuencia de Teherán es clara: en primer lugar, conversaciones sobre el estrecho de Ormuz; a continuación, debería levantarse el bloqueo estadounidense; por último, deberían materializarse, de verdad, el desbloqueo de los fondos congelados y el alivio de las sanciones. Solo entonces habría conversaciones sobre el expediente nuclear.
La Administración Trump quiere exactamente lo contrario. En primer lugar, concesiones nucleares. A continuación, la versión estadounidense de un estrecho de Ormuz «libre». Y, por último, el alivio financiero solo tras el «cumplimiento» iraní. Según las condiciones estadounidenses.
Ese es ahora el quid de la cuestión. El enfrentamiento ya no gira en torno a si se reanudarán las negociaciones: se centra en quién establece la agenda, la secuencia y las ramificaciones políticas vertiginosamente complejas de la negociación.
Sin embargo, una cosa es segura: las vociferaciones y amenazas de Trump, destinadas a imponer un marco de «lo nuclear primero», ya están muertas antes de nacer.
Una batalla por la ventaja negociadora
Washington suspendió los bombardeos contra Irán —incluida la infraestructura civil— tras 13 noches consecutivas, con efecto a partir del pasado viernes, 24 de julio.
La pausa actual no podría describirse en modo alguno como un acto de moderación unilateral. Se produjo tras un trabajo diplomático ininterrumpido por parte de los mediadores, Pakistán y Qatar. Islamabad y Doha advirtieron repetidamente a Washington de que los bombardeos destruirían por completo el único canal diplomático que quedaba y provocarían una respuesta iraní cada vez más devastadora.
Así pues, ahora nos encontramos, en esencia, en una tregua negociada, muy, muy lejos de cualquier posible acuerdo.
Y todo gira en torno a una pugna por la ventaja estratégica. La Administración Trump quiere que Irán renuncie a su baza estratégica clave antes de recibir nada tangible —«siga el dinero»— a cambio.
Teherán quiere medidas concretas por parte de EE. UU. —el levantamiento de las sanciones, la liberación de los fondos congelados— antes de poner el programa nuclear sobre la mesa.
Quien controle la secuencia controlará la negociación. Y, lo que es más importante, toda la enmarañada red de narrativas geopolíticas vinculadas a la guerra.
El estrecho de Ormuz, a todos los efectos prácticos, permanece cerrado al tráfico comercial habitual. Cientos de buques y miles de marineros se encuentran atrapados.
La postura de Teherán ha sido muy clara desde el principio: un mecanismo negociado; garantías exigibles; y los correspondientes avances en materia de bloqueo y cuestiones financieras.
Paralelamente, el CENTCOM ha estado imponiendo un bloqueo marítimo contra Irán, desviando o inmovilizando a los petroleros que no lo respeten.
Teherán desea, en esencia, respetar el memorando de entendimiento (MoU, en inglés) firmado por ambas partes. Por lo tanto, insistir en que Washington levante el bloqueo marítimo no supone una nueva concesión, sino que equivale al cumplimiento por parte de Estados Unidos de un compromiso ya existente.
El asunto financiero podría resultar aún más espinoso que el del estrecho de Ormuz.
En primer plano se encuentran los aproximadamente 6.000 millones de dólares en fondos iraníes congelados en Qatar.
La Administración Trump había indicado anteriormente que estos fondos podrían liberarse como parte de un acuerdo. La postura actual de EE. UU. se decanta por acuerdos de depósito en garantía estrictamente controlados, lo que restringirá en gran medida la forma en que Teherán puede utilizar su propio dinero. No es de extrañar que Teherán nunca lo acepte.
En el mejor de los casos, el expediente del estrecho de Ormuz podría abordarse mediante acuerdos marítimos recíprocos y negociados exhaustivamente. Sin embargo, la disputa sobre los fondos puede resultar aún más difícil de resolver: está directamente relacionada con cuestiones de soberanía, sanciones y humillación política.
Así pues, esta es la situación en la que nos encontramos actualmente. La secuencia de Teherán es la siguiente: el estrecho de Ormuz; el fin del bloqueo marítimo, la liberación de los fondos y el alivio de las sanciones; y, por último, el expediente nuclear. Omán está liderando gran parte del trabajo técnico para la reapertura del estrecho.
Islamabad, Doha y Suiza se disputan la sede de una posible reunión para retomar el memorando de entendimiento. Teherán prefiere Islamabad. Los estadounidenses prefieren Suiza. Doha se está posicionando como la solución de compromiso.
Nada de lo anterior implica que Teherán haya aceptado esta oferta estadounidense, ya que ha rechazado firmemente las condiciones de Washington.
Lo que Teherán ha aceptado es el principio de volver a las negociaciones en el marco del memorando de entendimiento de Islamabad y siguiendo la secuencia que él mismo ha propuesto.
Esta podría ser la calma antes de la tormenta. Los enfrentamientos militares han entrado en una tregua negociada, ya que la feroz lucha subyacente podría estar pasando del campo de batalla a la agenda política.
¿Quién tiene las cartas en la mano? Tal y como están las cosas, Irán parece tener la secuencia más sólida. Sin embargo, todo puede cambiar.


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