Durante décadas, Chile era considerado, por la mayoría de los expertos, como un enclave y una vanguardia de la geopolítica británica y su socia sionista.
Aún más, la generalidad de los argentinos, peruanos y bolivianos -vecinos de los chilenos- creían que toda la estructura de poder y toda la demografía de Chile estaban encadenadas a los árbitros y designios de Londres, Tel Aviv y, por extensión, de Washington.
Y cuando realizaban pronósticos sobre el futuro o simulaban juegos de guerra, Chile era un activo fijo de los anglo-norteamericanos-sionistas.
Antes del General Augusto Pinochet, durante su régimen y después de él, un gran número de los miembros de las élites económicas y militares de Chile apostaba completamente por los intereses de las potencias del globalismo y mucho mejor si ellos mermaban las influencias y los objetivos nacionales de Argentina, Perú y Bolivia y vigorizaban a Chile. Al parecer, compraron el engaño de que entrelazándose con el atlantismo y el sionismo podrían efectivizar el “Gran Chile”.
Sin embargo, en los últimos cinco años, comenzó a visibilizarse y a crecer de a poco, en las distintas clases sociales y en todo el aparato ideológico, la tendencia que plantea que es conveniente para el soberanismo chileno el separarse de las vías unipolaristas para acercarse a la pluralidad geopolítica, expandiéndose las críticas a Israel y a las políticas provenientes de Inglaterra y Estados Unidos.
Esta tendencia, que tiene, como lo apuntamos, una adhesión social y política transversal, está costando los sentimientos y pensamientos de los más jóvenes, de los más chicos, quienes no son cautivos de las propagandas unipolaristas. Para estas personas, los tipos de mundo de Pinochet y de la Concertación son incorrectos y ambos corresponden al cementerio.
Unos más que otros, rechazan el papel israelí en Medio Oriente y Occidente y no suscriben a las guerras extranjeras e influencias mundiales de EE.UU. e Inglaterra. En las universidades, en los institutos de educación media, en los lugares de trabajo y en los foros digitales lo que decimos es evidente.
Dicho de otra forma: hay cambios fundamentales en el pensamiento y en la postura geopolítica de numerosos chilenos, los cuales ahora son más proclives a la multipolaridad. El Chile del 2035 o 2040 podría ser mayoritariamente anti-atlantista y desconectado con el sionismo.


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