Desde el mismo 3 de enero de 2026, cuando Trump gozó, con una hamburguesa en la mano, viendo cuán exitosa había sido su Operación Resolución Absoluta, un gran número de expertos, de distintos tipos de calibres, admitía que Venezuela, con su capa dirigente, sus recursos económicos vitales y su población, pasaban a formar parte del control de la Casa Blanca del 47°.
Por esos días, eran pocos los inteligentes que rechazaban tal situación, los que no aceptaban el dominio anunciado.
Trump quiso el petróleo de los venezolanos y lo obtuvo. El tiene la convicción de que Venezuela le pertenece porque sólo él pudo solucionar el intríngulis y, atención con esto, quienes añoran que se acelere el fin del gobierno de Trump se pueden llevar una sorpresa cuando, tal vez, en algún momento, vean que algo de Venezuela le pase a perpetuidad al actual presidente de los EE.UU. Ya saben, cuando hablamos de Trump, la caja de sorpresas y lo insólito siempre están en el centro…de la escena.
El Financial Times reportó, el pasado 22 de julio, que los Estados Unidos de Trump recaudaron, en lo que va del año, 13 mil millones de dólares por la venta del petróleo venezolano. Asimismo, el citado medio, dijo que no se tiene ninguna claridad sobre el destino de esa cuenta y que todo queda al escrutinio del mismísimo Donald Trump.
No hace falta decir que esta suma no la gestionan el gobierno de los hermanos Rodríguez ni mucho menos el pueblo venezolano ya que todo ello, junto con la reestructuración de todo el aparato energético de dicho país, está a cargo del círculo de Trump.
Tales venezolanos ni siquiera pueden habilitar, ampliar o denegar licencias para empresas como Shell, Chevron, Repsol o British Petroleum.
Tampoco son ellos quienes negocian con los indios de la empresa estatal Oil and Natural Gas Corp (ONGC) para la reanudación de las actividades de esta corporación en Venezuela ya que ONGC negoció, para tal fin, con los estadounidenses de Trump.
Y como amigos son los amigos, los emiratíes de XRG y los cataríes de UCC Oil and Gas también obtuvieron el visto bueno de Washington para participar en la segunda fase del campo de gas marino Loran. Según reportan los medios especializados, este yacimiento está vinculado con su similar de Manatee de Trinidad y Tobago, y ambos conectados y en pleno funcionamiento podrían aportar cuotas importantes para el mercado regional.
Trump, quien todavía tiene alguna oposición, en el interior del empresario petrolero estadounidense, para su iniciativa en Venezuela, está convocando al capital energético anglo, árabe e indio para que se sumen a su plan; pero, desde luego, que buscará la preeminencia del empresariado de su país, con el cual sigue en conversaciones para que se lance casi en su totalidad a la reorganización energética venezolana para los próximos cinco o siete años. Todo en función del gringo del establishment unipolar y sobre las pertenencias del pueblo venezolano que sigue errante…
En el interín, todavía hay genios de la izquierda que no quieren hablar de la sumisión del gobierno de Caracas y del neocolonialismo petrolero/energético que Trump impuso en Venezuela con la genuflexión de los ídolos de la izquierda hilarante.


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