Actualización Geopolítica: Multipolaridad de Bandung, ASEAN, y la región de Asia-Pacífico

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En la gran actualización diaria ponemos el foco en el lejano oriente a través de tres artículos de tres autores diferentes del centro analítico United World International. Hay que estar bien actualizado de lo que se mueve en horizontes lejanos pues no son tan lejanos como se podría pensar a primera vista.

1) La lucha por la multipolaridad comenzó hace mucho tiempo

Empezamos con una entrevista de Yunus Soner a Tings Chack en UWI. Nos habla en primer lugar de la Conferencia de Bandung como punto de inflexión histórico. Aquel evento en 1955 marcó un momento clave en la lucha por la multipolaridad, uniendo entonces a 29 países de África y Asia para afirmar su derecho a la autodeterminación y soberanía económica y política.

Es por ello que la multipolaridad se originó en las luchas de liberación nacional del Tercer Mundo contra el colonialismo, con raíces en movimientos panafricanistas y anticoloniales en Asia e Iberoamérica.

El entonces espíritu de Bandung promovía la unidad a pesar de la diversidad, la coexistencia pacífica y la oposición al colonialismo y neocolonialismo, incluyendo formas modernas de control económico e intelectual por potencias extranjeras. Por su parte, desde China, Zhou Enlai promovió buscar puntos en común y reservar diferencias, fortaleciendo la solidaridad entre las naciones del Tercer Mundo.

También citan a John Foster Dulles, quien expresó temor a la influencia de China y el comunismo, lo cual llevó a operaciones encubiertas y golpes de Estado contra el espíritu de Bandung.

Sin embargo, hay un cambio global actual. El centro de gravedad económica se desplaza hacia Asia, con China y otros países como motores de crecimiento, respaldados por iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta y los BRICS. Aunque los BRICS representan avances estatales, carecen de la movilización popular masiva que caracterizó la era de Bandung, y necesitan movimientos de base para consolidar un movimiento global anti-imperialista.

Así pues, la multipolaridad se enfrenta a la oposición, especialmente de EE. UU., con políticas como aranceles y guerras comerciales, pero China defiende su soberanía y la del Sur Global.

También nos habla del Instituto Tricontinental, fundado en 2018 para producir conocimiento y fomentar la solidaridad anti-imperialista, inspirada en el espíritu de Bandung, con más de 200 organizaciones de base. y también aprovechó para citar a Sukarno con el fin de remarcar la colaboración entre naciones del Sur Global para acabar con el imperialismo, destacando la lucha palestina como ejemplo de liberación nacional.

2) Compromiso estratégico entre la UE y la ASEAN en una era de incertidumbre económica mundial

En segundo lugar tenemos un artículo Mehmet Enes Beşer en UWI. Expresa inicialmente la necesidad de que la UE y la ASEAN avancen hacia una cooperación económica más profunda ante la volatilidad global, incluyendo las crisis inflacionistas, las cadenas de suministro y la fragmentación geopolítica.

Estamos ante un cambio en la globalización pues el modelo económico liberal posterior a la Guerra Fría se ha derrumbado, dando paso a una lógica geoeconómica que amenaza el multilateralismo. Así, la UE enfrenta problemas de seguridad energética y dependencia estratégica mientras que la ASEAN tiene los riesgos de depender de un solo mercado (China o EE. UU.).

Existen acuerdos de libre comercio bilaterales (UE-Singapur, UE-Vietnam) y negociaciones con Indonesia y Tailandia, pero falta un acuerdo interregional. Además, la inversión europea en infraestructura verde, tecnología y finanzas sostenibles apoya las prioridades de desarrollo de la ASEAN y contrarresta inversiones extractivas.

También menciona que una mayor colaboración con la UE permite a la ASEAN diversificar aliados y evitar opciones binarias entre EE. UU. y China, especialmente ante tensiones en el mar de China Meridional. Invertir en la ASEAN ayuda a la UE a diversificarse de China, fortalecer su papel en el Indo-Pacífico y proyectar su identidad geopolítica.

Sin embargo hay divergencias como las normativas, las desigualdades del desarrollo y la desconfianza por el pasado colonial dificultan la cooperación que puede tener modalidades flexibles, como la cooperación sectorial en el comercio electrónico y la energía verde, junto con los acuerdos bilaterales, para superar obstáculos.

En conclusión, señala el autor, la interdependencia debe basarse en la cooperación entre iguales, con respeto mutuo y sin condicionalidad colonial, para liderar un nuevo orden económico global.

3) La Cumbre de Shanghái y el desafío del Sur Global a Occidente

En tercer lugar tenemos un artículo del politólogo Adem Kılıç en UWI. El tema clave es el desafío al orden unipolar. La Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) representó un desafío explícito al orden mundial centrado en Occidente, que es insostenible tras eventos como la guerra en Ucrania y la crisis de Gaza.

Países como China, Rusia, India e Irán acordaron sistemas de pago propios para comercio en energía, alimentos, defensa y tecnología, desafiando el sistema del petrodólar. Es decir, el uso de sus monedas nacionales. Además la cumbre reflejó un movimiento creciente de países de Asia, África y Oriente Medio (como Arabia Saudí, EAU, Egipto) hacia redes económicas y de seguridad independientes de Occidente.

También redefinió los corredores energéticos y comerciales, pues la Iniciativa de la Franja y la Ruta, las estrategias energéticas rusas y los recursos de Asia Central se integran para crear rutas terrestres y ferroviarias que reduzcan la influencia de las rutas marítimas occidentales.

¿Y Turquía? Como socio de diálogo en la OCS, Turquía se posiciona como un eje estratégico independiente, no alineado completamente con Occidente ni Oriente, y clave en corredores energéticos como el Caspio y Zangezur. Turquía mantiene lazos con la OTAN, pero fortalece relaciones con plataformas como la OCS y BRICS, aumentando su poder de negociación en cuestiones como Gaza, Siria y el Mediterráneo oriental.

En último lugar, las políticas proteccionistas de EE. UU., especialmente bajo Trump, impulsan a los países de la OCS a crear redes económicas alternativas, reduciendo -en consecuencia- la hegemonía financiera de EE. UU. De este modo, la OCS se consolida como una plataforma de solidaridad global al promover una arquitectura económica, energética y de seguridad independiente de Occidente.


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