Hace, prácticamente, un año, cuando Assad se aprestaba para abandonar el poder, Trump publicó, la red social de su familia, Truth, que Siria no es nuestra amiga y que los Estados Unidos no deberían involucrarse y exhortaba a que los norteamericanos dejaran que los acontecimientos de ese día, sábado 7 de diciembre, se desarrollen naturalmente.
Pocas horas después de su mensaje, las figuras políticas de la familia Assad, junto con sus principales colaboradores, salían de Siria con destinos dispares: unos irían para Rusia y otros para los Emiratos Árabes Unidos, entre más de media docena de países que los recibieron.
Casi sin nada de oposición, Abu Mohamad al-Golani, o Ahmed al- Sharaa, antiguo componente de Al Qaeda, y líder del Hayat Tahrir al-Sham (HTS), tomó la capital Damasco y se apoderó de todo el poder político y, sobre los hombros del jede de la diplomacia turca, Fidan, fue de a poco ganando espacios en la arena regional e internacional.
Ya, en el 2025, Trump se reunió, hasta el momento, tres veces con Ahmed al-Sharaa, siendo la más importante el encuentro que aconteció el lunes 10 de noviembre en la Oficina Oval del inquilino de la Casa Blanca.
Trump, en dicha junta, que duró alrededor de dos horas, dijo que el decapitador y mutilador de seres humanos, al-Sharaa, tuvo un pasado duro y expresó que confía en el desempeño que tendrá en su misión de gobernar siria porque es un líder fuerte.
Simultáneamente, reiteró su elogio para con Recep Tayyip Erdoğan y confirmó que la Siria de al-Sharaa está cerca de firmar un entendimiento con Israel en el marco de bloquear una reinserción iraní en el terreno sirio, garantizarle una seguridad hacia el futuro a Israel (con el control israelí en la frontera y algo más) y adelantar las fases del pacto abrahámico que quiere proyectar sobre todo el mundo musulmán y la dimensión judía.
Por cierto, los anillos que entornan a Trump le dijeron a este que se deben extender las posiciones y los activos estadounidenses en Siria para que la influencia y los intereses de otros actores de, por ejemplo, Rusia no sean ganadores natos en el futuro.
Trump, en su sueño de ser la deidad extranjera que no fue derrotada en Siria, considera que los sanguinarios al-Sharaa y su elenco pueden darle la estabilidad al proceso interno para que él, posteriormente, recoja los frutos.
En tanto, el gobernante político de la transición siria sostuvo que Damasco se convirtió en un aliado geopolítico de Washington y que toda la infraestructura económica de la nación será orientada para facilitar las inversiones procedentes de los Estados Unidos, con particular atención en la extracción del gas.
En las negociaciones no públicas ni publicadas, están sobre la mesa que el HTS se disuelva y que otras organizaciones armadas que colaboraron con al-Sharaa se subordinen a la agenda central que se está construyendo.
Los grupos de Damasco y del norte sirio solicitan, a su vez, que sean liberados sus camaradas terroristas que están presos en las cárceles libanesas y, en contraparte, le ayudarán a Israel y Trump en neutralizar al eje chiita tanto en el Líbano, en el interior de Siria y en otras áreas. Son, como se puede aprecia, negociaciones de terroristas y entre terroristas.


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