En una de nuestras anteriores piezas, más precisamente, la publicada el sábado 29 de octubre de 2025, dijimos:
El Estado Islámico se reagrupa territorialmente en el espacio sirio, se reordena organizacionalmente y se adapta a métodos que surgen de las circunstancias operantes después de la caída de Bashar al-Assad, para remarcar a continuación que: Es pertinente resaltar que los partidarios de la ideología salafista se hallan vigentes en la capital Damasco y han colaborado estrechamente con los servicios de inteligencia de estados que quieren dividir geográficamente Siria e Irán.
Pues bien, este sábado, 13 de diciembre, el Estado Islámico operó una de sus obras más resonantes de los últimos tiempos en Siria, al asesinar, en un único hecho, a dos militares y un empleado civil del Pentágono y herir a otros dos militares, todos ellos de nacionalidad estadounidense.
La cuenta sangrienta no quedó allí, porque también fueron heridos dos miembros de las fuerzas de seguridad interna del gobierno provisional de Ahmed-al Sharaa.
Este ataque que tuvo repercusiones mundiales, apenas se llevó a cabo, fue realizado en Palmira y uno de sus ejecutantes fue un miembro del mismo aparato de seguridad de los salafistas que, en la actualidad, controlan, desde Damasco, el interinato de la gobernanza post-assadista.
Pero allí no quedó la espiral de ataques gestionada por el Estado Islámico ya que, un día después, el domingo 14 de diciembre, un grupo armado acribilló a cuatro efectivos de la seguridad interna y dejó gravemente herido a un quinto miembro en el sur de Idlib.
Esta cadena de hechos habla por sí misma de la escalada de enfrentamiento que hoy tiene Ahmed al-Sharaa contra sus antiguos aliados o compañeros de ruta, pintando de cuerpo entero que él no tiene el control sobre el terreno y también esta secuencia de actos dice, sin engaño, que la lucha entre takfiríes estaría pasando a una etapa superior y donde al-Sharaa, sin la ayuda total de Turquía y los EE.UU., podría ser eyectado antes del tiempo que muchos preveían.
Basta mirar cómo procede el séquito de custodios del gobernante de facto en cada presencia suya a la luz del día, o en la vía pública, para tomar dimensiones proporcionales adecuadas sobre el temor que tiene al-Sharaa.
Ello es lógico porque él convivió durante décadas en los campamentos terroristas salafistas y porque su cuerpo de asesores de seguridad entiende que sus contrincantes conocen debilidades de al-Sharaa y sus códigos de procedimientos. En otras palabras, ese conocimiento emana de haber compartido el terrorismo.
El aumento del accionar del Estado Islámico fue visiblemente notorio entre octubre y noviembre y parte de ese auge en las acciones se deberían, probablemente, a que otro estado extranjero -que no es islámico- estaría fomentando el resurgimiento de un número de facciones del Estado Islámico ya sea por un cúmulo de insatisfacciones que tendría con el círculo gobernante de Damasco o, simplemente, para presionarle para que concedan una mayor cantidad de beneficios.
Así y todo, no hay que excluir de la observación ni de la interpretación, la presencia, en toda Siria, de decenas de miles de takfiríes que combatieron contra el anterior estado y que, en estos días, no obedecen los dictados de al-Sharaa. Estos militantes terroristas siguen pensando de que no es hora de pragmatismo ni de apetencia por permanecer en el poder, sino que hay que darle una forma definitiva al califato que buscaron tanto tiempo.
Por el contrario, los participantes en el entorno de al-Sharaa, sostendrían que esa meta no fue abandonada, sino que, por el contrario, las circunstancias imperantes, indican que se debe ir gradualmente, engañando a muchos occidentales, incluido, Donald Trump. Siguiendo ese razonamiento, se ve que la relación entre Trump y al-Sharaa sería una mecánica de engaños mutuos.
¿Hasta dónde podrían llegar ambos con ese método?.
En tanto, los responsables turcos tienen más tareas: diezmar a los contingentes terroristas multinacionales cuyas actividades, en parte, ellos mismos incentivaron para derrocar al antiguo régimen y que acepten el nuevo orden que intentan establecer Trump, Erdogan y sus socios del Golfo.
Pero al mismo tiempo, la inteligencia turca influye en grupos armados que poseen miles de hombres y que, no tienen relación directa con el Estado Islámico, pero que tampoco responden verticalmente a Ahmed al-Sharaa.
Estas formaciones también estarían dispuestas a presionar al Líbano -de hecho están próximas a ese país- si Beirut decide acordar con Israel en materia energética, excluyendo al proyecto turco en esa dimensión.
En total, se estima -porque no hay una rigurosidad estadística- que, en estos momentos, en toda Siria habría más de 100 mil takfiríes; es decir, hombres armados y que hicieron del terrorismo su lógica existencial. Estos hombres responden, por lo tanto, a Ahmed al-Sharaa, a las facciones wahabíes opuestas a él, y a más de 4 estados extranjeros que los solventan.
En el medio, también se encuentran las Fuerzas Democráticas Sirias, a las que Trump desea desincentivarlas, pero que el Pentágono a Israel instan a mantenerlas en el terreno como contrapeso a al-Sharaa y Turquía.
Recientemente, la agencia Reuters publicó una seudo revelación que afirmaba que prominentes hombres del régimen clausurado de Bashar al-Assad estarían armando a un ejército de 50 mil soldados en la costa siria. Pues, esa narrativa es falsa.
Como también es falsa la creencia de que el ejército de Ahmed al-Sharaa conquistó Damasco sin que los turcos hayan pagado, previamente, a un grupo de generales del antiguo ejército árabe sirio para que entreguen las ciudades.
Un día, alguien podrá contar todo lo que realmente pasó entre septiembre a diciembre de 2024. Ni Bashar al-Assad saldrá indemne de esa revisión histórica.


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