Trump sigue buscando el acuerdo con Kim Jong-un y Corea del Norte exige que lo acepte como un estado con armas nucleares

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El ejercicio militar conjunto coreano-estadounidense Ulchi Freedom Shield, que cada año se celebra para esta época, se llevó a cabo, a pesar de las informaciones y análisis que rodearon al asunto a partir de las declaraciones que, en vísperas del comienzo del entrenamiento, formuló Trump donde manifestaba que había ordenado una reducción significativa del ejercicio.

En conformidad con su estilo de hablar, primeramente, a través de las redes sociales, Trump publicó, el 16 de agosto, un mensaje donde anunciaba que la magnitud del citado ejercicio se disminuiría por los costos económicos y militares que el mismo tendría y porque el inquilino de la Casa Blanca considera que tales juegos de guerra contenían señales desafortunadas por su agresividad para con Corea del Norte.

Trump, quien, el 30 de junio de 2019, participó en la Cumbre de la Zona desmilitarizada de Corea, junto con Kim Jong-un y el, por entonces, presidente surcoreano, Moon Jae-in, no dejó pasar la ocasión para refrescar la buena relación, que tendría con el jefe de estado de Corea del Norte.

Desde aquella reunión de 2019, Trump se jacta asiduamente de que Kim Jong-un es su amigo y que la estima y la confianza que le tiene el líder norcoreano es un mérito suyo cuando, según expresa Trump, todos los otros presidentes de los EE.UU. fueron detestados por la familia que dirige al estado de Corea del Norte.

Una semana antes de la realización de este ejercicio combinado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Norte expresó que Pyongyang valora que Corea del Sur y Estados Unidos efectúan este tipo de maniobras porque se preparan para una guerra de agresión contra los norcoreanos con la adoptación del nuevo modelo de guerra moderna y, por ello, cree el alto mando de Corea del Norte que La provocación y el peligro de este ejercicio militar superan con creces los del año pasado y que Pyongyang se reserva el derecho de responder a las nuevas amenazas con una nueva disuasión.

Hace dos meses, en este medio, dijimos que Donald Trump procura establecer un nuevo compromiso con Kim Jong-Un (para este año o el subsiguiente, 2027) en una dimensión más de la implementación mundial de su forma de hacer poder y esto se vio patente con el ánimo que públicamente manifestó el presidente estadounidense.

Tal y como también lo comentamos en febrero de 2025, Trump sabe que Kim Jong-un piensa que la matriz generadora predominante de los males que acaecen en el mundo entero son los Estados Unidos globalistas. En la opinión del líder norcoreano, no sería el pueblo trabajador de dicho país el responsable y el propagador de las guerras catastróficas, las devastaciones económicas y la colonización cultural.

Para Kim Jong-un, los culpables de la radiactividad estadounidense globalistas son las facciones elitistas que se habrían apoderado del control de la nación de los Padres Fundadores y que quieren humillar, saquear y esclavizar a todos aquellos pueblos que fueron asignados como diferentes y que son, o podrían serlo, desequilibradores del orden soñado por los proponentes del globalismo atlantista.

Y, el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, explicitó su intención de establecer relaciones normales y productivas con Corra del Norte, zahiriendo la posición histórica del neoconservadurismo que buscó un aislamiento integral de Corea del Norte y un cambio de régimen.

Es evidente que, para Trump, Corea del Sur es un vector estadounidense y, en esa condición, trata a Seúl.

Cree que puede solucionar cualquier problema con los sudcoreanos con una sola llamada telefónica o mediante una mera amenaza por redes sociales y no dejará que las facciones de Seúl le cambien un número de sus pensamientos y objetivos que tiene para con la península coreana.

También hay que decir que Trump está un poco disconforme con Corea del Sur porque su gobierno no le apoyó, en la forma que él quería, en la cuestión iraní. En el primer semestre de este año, más de 15 países se negaron a enviar flotas navales armadas a Irán cuando Trump les pedía que hicieran eso y el líder republicano tiene muy presente ese comportamiento. 

Además, y, ya hablando de algo más extenso, Trump no quiere ninguna guerra en el noreste asiático por el diálogo que tiene con Xi Jinping porque de desarrollarse esta, la misma le trastocaría algunos planes y, claramente, mostraría, al mundo entero, que los Estados Unidos fueron derrotados por Corea del Norte y China.

Y, en las conversaciones con Kim, Trump deberá aceptar a Corea del Norte como un estado con armas nucleares, si realmente quiere obtener algo más de lo que tuvo en 2019.

Lo volveremos a decir: Tarde o temprano, USA abandonará su presencia influyente en esa región. Con Trump y sin Trump.


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