Paradójicamente al discurso inveterado de Donald John Trump -de minimizar el riesgo nuclear internacional-, se despertaron las ambiciones nucleares de varios países de la Clase B mundial.
Diversas facciones de estados, al ver que, en un tiempo inmediato, países podrían estar en el centro de guerras existenciales y que, en medio de recambios geopolíticos regionales y globales operantes, podrían terminar siendo del bando de los perdedores trágicos, realizan algunos preparativos para adoptar un protocolo de actuación en vista de aprovisionarse con armas nucleares.
Las acciones de estos grupos se mantienen, en este período, en modo preliminar, pero una parte de quienes integran las tendencias armamentísticas nucleares incentivan a la agilización de la puesta en marcha de su implantación porque sugieren que el actor que no tenga una disuasión nuclear, en los próximos años, será una presa fácil en las interacciones de la geopolítica mundial.
A excepción de Arabia Saudí, que, de acuerdo con el tratado firmado con Islamabad, tendría de hecho a su disposición bombas nucleares pakistaníes, y de Irán, cuyos responsables estatales podrían disponer de armamento nuclear si así lo dispusieran, otras líneas internas en Turquía, Japón, Corea del Sur, Indonesia, entre otras naciones, tratan de influir en sus sistemas nacionales para que las élites gobernantes adhieran integralmente a los proyectos de rearme nuclear.
Aunque pertenezca a la OTAN, y todavía subsistan componentes atlantistas en algunas regiones de sus élites, no puede descartarse que Turquía no termine, formal y empíricamente, en el camino de conversación a ser una potencia nuclear dadas las circunstancias explosivas que tiene y tendrá más adelante la visión soberanista y/o neoimperial turca.
Por decantación biológica, en poco tiempo, ya no estarán en funciones decisorias, quienes, desde el ámbito turco, suscribieron el pacto de inferioridad estratégica respecto de los hegemones atlantistas y de prohibición de desarrollar armas nucleares.
Pero también en Japón, hay un movimiento -no reconocido oficialmente- que explora la fabricación propia de dispositivos nucleares de guerra y que podría escalar en las decisiones nacionales en los años venideros. La corriente japonesa pro-bomba atómica tiene en su contra varios factores, siendo el primero, la mentalidad y las reglas que Japón aceptó tras la Segunda Guerra Mundial, pero, igualmente, le podrían jugar, en un sentido adverso, la respuesta china ya que Pekín hará todo lo que esté en sus manos para neutralizar este proyecto e, incluso, hay facciones en el hegemon atlantista que se oponen a que Japón como estructura nacional se inserte en el Club Atómico Mundial.
Respecto de Corea del Sur, algunas corrientes, que son anteriores de la Segunda Guerra Mundial, están encontrando una circunstancia menos desfavorable para que sus ideas más guerreras tengan un mayor calado y, junto con la tradición técnica iniciada, en los años 70 del siglo pasado, por el destacado planificador Oh Won-chul, promueven que Seúl rompa con Washington los acuerdos prohibitivos para la obtención del arsenal nuclear.
En enero de 2025, Jeong Seong-jang, director del Centro para la Estrategia de la Península Coreana, en el Instituto Sejong, declaró a los medios, que es necesario para los intereses surcoreanos la revisión del acuerdo nuclear entre la República de Corea y Estados Unidos y que su estado podría producir de 3 a 6 bombas nucleares por año. Como una de las medidas prioritarios para el avance de dicho objetivo, Jeong Seong-jang, dijo:
Debemos asegurar con antelación a los científicos nucleares y a otros profesionales para que puedan comenzar a trabajar de inmediato si se toma la decisión de armarnos con armas nucleares.
Esta facción surcoreana tiene como obstáculos para la concreción de sus máximas aspiraciones a otras corrientes de su élite -que se oponen a dicho proceso-, a China, Japón, Estados Unidos y, por supuesto, a Corea del Norte.
Adicionalmente, en Indonesia, estado que fue obligado, por los estadounidenses, a abandonar su programa secreto de armamento nuclear, tras el derrocamiento de Sukarno, en 1967, el foro promotor de la adquisición de la tecnología nuclear en armamento ocupa distintos espacios de poder e intentó influir para que el expresidente Joko Widodo (fue presidente entre 2014 y 2024) acompañase a la iniciativa. Las posiciones nucleares indonesias son defendidas, principalmente, por representantes importantes de sus élites políticas, militares y económicas.
En estos ambientes, no se valora como imposible que Indonesia tenga su arsenal nuclear en los próximos años. Su actual gobierno, pese a que dice que no buscará ninguna bomba atómica, promociona que los estados nucleares existentes y extranjeros se desarmen y que el Tratado de No Proliferación Nuclear reconstruya su credibilidad.
Por el momento, dejamos, en este punto, esta cuestión, pero, no cabe la menor duda, de que Trump está siendo un acelerante de distintas situaciones, siendo una de ellas la eventualidad de un rearme nuclear de estados que son diferentes del estadounidense y que son del segundo orden mundial.


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