Hemos descubierto varias publicaciones que al juntarlas podremos entender mejor los acontecimientos recientes en torno a Siria e Irán. Nos referimos a golpes de Estado, intentos de injerencia y sabotaje interno para generar debilidad y división con el objetivo del «cambio de régimen» y la fragmentación territorial de dos países opositores al verdadero eje del mal compuesto por Washington y Tel Aviv como socios fundamentales. En primer lugar, cabe destacar lo expuesto en un reciente artículo del medio iraní, Tehran Times.
El 13 de junio, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció ante las cámaras que había prevenido un holocausto nuclear mediante ataques a dos instalaciones nucleares iraníes, la eliminación de altos mandos militares y científicos nucleares de Irán, y la destrucción de infraestructuras del país.
Doce días después, al concluir la guerra, Netanyahu reiteró sus declaraciones, afirmando que había logrado una gran victoria al desmantelar el programa nuclear iraní y agradeció al presidente estadounidense, Donald Trump, por participar en los ataques contra instalaciones iraníes. Trump también describió la guerra como un éxito, asegurando que el programa nuclear de Irán había sido destruido.
Sin embargo, tras el cese de los combates el 24 de junio, impulsado por Washington y Tel Aviv, los argumentos de ambos líderes han sido cuestionados. Medios estadounidenses han señalado que es improbable que las instalaciones nucleares iraníes, especialmente las subterráneas protegidas por montañas, hayan sido completamente destruidas.
Además, se desconoce el destino de cientos de kilogramos de uranio enriquecido de Irán. Incluso si el programa nuclear iraní hubiera sido eliminado, Irán podría reconstruirlo con mayor facilidad debido a la desconfianza hacia la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) y al creciente apoyo interno a favor del armamento nuclear.
Las consecuencias de la guerra para Estados Unidos e Israel fueron significativas. Amplias zonas de ciudades israelíes en territorios ocupados quedaron en ruinas, marcando la primera vez que los colonos experimentaron una zona de guerra, a pesar de las múltiples guerras libradas contra países árabes en las últimas siete décadas.
Por su parte, Irán atacó la base aérea estadounidense de Al Udeid en Qatar, un día después de los ataques a sus instalaciones nucleares, lanzando doce misiles, de los cuales seis impactaron en el objetivo, hecho que Trump ha intentado negar.
Analistas y funcionarios han advertido durante años que el programa nuclear iraní no puede ser completamente desmantelado, incluso si se daña físicamente. Además, tanto Trump como Netanyahu eran conscientes de que Irán posee un arsenal considerable de misiles avanzados, capaces de atacar Israel durante meses.
Esto plantea la pregunta de por qué iniciaron una guerra sabiendo que no lograrían desmantelar el programa nuclear iraní. Según el artículo citado, los objetivos reales de ambos líderes eran otros.
En diciembre de 2024, las fuerzas de Hayat Tahrir al-Sham (HTS) tomaron Damasco, poniendo fin al Gobierno de Bashar al-Assad tras 24 años y 5 meses en el poder. Assad había resistido más de una década de lucha contra el Daesh, superado sanciones económicas estadounidenses que devastaron la economía siria y logrado un retorno parcial a la escena internacional.
Sin embargo, su Gobierno colapsó rápidamente ante el HTS, un grupo de combatientes extranjeros. El ejército sirio, a pesar de estar equipado y no ser inferior en número, no recibió órdenes de intervenir.
Informes posteriores indicaron que comandantes militares, ministros y colaboradores de Assad fueron sobornados por Estados Unidos e Israel a través de intermediarios árabes y turcos. Los leales a Assad huyeron, mientras que él se trasladó a Rusia, y algunos de sus antiguos aliados trabajan ahora para el HTS o han desaparecido.
En el caso de Irán, se especuló que Israel buscaba replicar la estrategia utilizada contra Hezbolá, eliminando a líderes militares clave para debilitar al Gobierno iraní y facilitar su colapso. Tras los asesinatos del 13 de junio, Israel contactó a numerosos funcionarios iraníes, exigiendo que abandonaran la República Islámica bajo amenaza de muerte.
El Washington Post publicó un audio de una de estas llamadas, en la que se ordenaba a un funcionario anónimo enviar un video anunciando su deserción. Ali Larijani, asesor del líder de la Revolución Islámica, confirmó haber recibido una de estas llamadas. Se estima que unos 2.000 funcionarios fueron contactados.
El objetivo era que los funcionarios desertaran o huyeran, dejando a Irán sin capacidad militar, lo que permitiría a Israel y Estados Unidos derrocar al Gobierno y fragmentar el país en varias provincias. Netanyahu insinuó este plan en un video del 13 de junio, afirmando que altos dirigentes iraníes ya estaban huyendo, acompañado de un montaje que mostraba el aeropuerto de Teherán.
Sin embargo, los funcionarios iraníes permanecieron leales, y el ejército iraní nombró nuevos comandantes en menos de doce horas. Todas las facciones políticas y la población se unieron en torno al ayatolá Seyyed Ali Jamenei, quien prometió responder al enemigo.
En 1953, Estados Unidos y Gran Bretaña lograron derrocar al primer ministro iraní Mohammad Mossadegh mediante un golpe que incluyó sobornos a figuras clave y propaganda financiada. En 2025, Netanyahu intentó replicar esta estrategia, pero fracasó debido a los cambios fundamentales en Irán desde la Revolución Islámica de 1979.
En segundo lugar, y siguiendo con la situación en Siria, desde The Cradle nos informan de lo siguiente: Fuentes locales en el sur de Siria informaron que las fuerzas israelíes establecieron una nueva base militar en la colina oriental de Al-Ahmar, en la provincia de Quneitra, según un informe del diario libanés Al-Akhbar del 1 de julio. Esta base se encuentra cerca de otra base israelí establecida previamente en el lado occidental de la misma cordillera.
También agregan que, funcionarios israelíes han vinculado la normalización de relaciones con Siria al mantenimiento del control sobre los territorios ocupados. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, afirmó el 30 de junio que Israel no se retirará del monte Hermón sirio (Jabal al-Sheikh). El asesor de Seguridad Nacional, Tzachi Hanegbi, confirmó conversaciones diarias con el Gobierno de Damasco.
El 29 de junio, el presidente estadounidense, Donald Trump, levantó la mayoría de las sanciones contra Siria, citando las acciones positivas del nuevo Gobierno de Ahmad al-Sharaa, exlíder de la rama siria de Al Qaeda. Entre las condiciones para el levantamiento de sanciones se incluyeron la normalización con Israel y la expulsión de facciones palestinas.
Según el Canal 12 de Israel, el próximo acuerdo de seguridad entre Israel y Siria incluirá una actualización del acuerdo de retirada de 1974, coordinación de inteligencia para contrarrestar la actividad de Irán y Hezbolá, el reconocimiento de la identidad siria de las granjas de Shebaa y un posible acuerdo trilateral con Jordania sobre las aguas del Yarmouk.


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