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Siria: Entre la supuesta tregua y la continuación de los combates entre «drusos y beduinos»

6–8 minutos

Hoy, tenemos también un triple artículo largo que enfocamos en Siria pero desde tres medios distintos para traducirles al español y analizar lo principal de estas perspectivas múltiples y fundamentadas. Les recordamos otros artículos anteriores como este y aquel, por si desean leer más. Así visto, vamos con ello:

La ‘Nueva Siria’ redibuja el mapa de Oriente Medio

El primer artículo proviene de United World International, escrito por Mohammad Sabreen. Ahí nos dice que informes recientes han revelado un posible acuerdo en Oriente Medio que implica la cesión de los Altos del Golán por parte de Siria a Israel a cambio de la ciudad libanesa de Trípoli. Este acuerdo se enmarca en discusiones sobre la partición de Siria y otros países árabes.

La reestructuración de Siria bajo el presidente Ahmad al-Sharaa podría iniciar un proceso de redibujado del mapa regional, generando preocupación en países árabes, Irán, Turquía y Pakistán.

Algunos consideran que Sharaa busca consolidar su gobierno, mientras que otros lo ven como parte de un plan estadounidense para reestructurar la región y reforzar la hegemonía de Estados Unidos. Este plan podría implicar una paz impuesta por Israel, basada en la absorción de más territorio árabe, en lugar de un intercambio de tierra por paz.

El ex primer ministro qatarí, Hamad bin Jassim Al Thani, advirtió sobre las repercusiones de estos acontecimientos, señalando en una publicación en X que podrían incluir planes para dividir países como Siria, afectando a los Estados del Golfo. Instó a los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) a adoptar una visión unificada para enfrentar estas consecuencias, enfatizando la necesidad de que prevalezca el estado de derecho en la resolución de disputas y en la interpretación de la carta fundacional del CCG.

Según Bin Jassim, una unión política basada en el estado de derecho garantizaría la independencia en la toma de decisiones y protegería a los Estados miembros de injerencias externas. Concluyó que, aunque la unión del Golfo requiere una base sólida que actualmente no existe, los Estados del Golfo tienen la capacidad de lograrlo con voluntad firme.

La analista egipcia Hind Al-Dawi afirmó en Facebook que Bin Jassim y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan han contribuido a la inestabilidad en Oriente Medio y ahora se sienten amenazados por los acontecimientos en sus propios países. Por su parte, el parlamentario egipcio Mustafa Bakri advirtió en X sobre planes para dividir Siria que beneficiarían a Israel, señalando que los llamados a proteger a los drusos podrían conducir a la partición del país en miniestados sectarios y étnicos, y pidió detener este plan.

En un artículo en Asharq Al-Awsat, el escritor Iyad Abu Shakra analizó el supuesto acuerdo sobre los Altos del Golán y Trípoli, destacando las reacciones de condena de los partidos libaneses.

Señaló que las acciones de Israel, como el endurecimiento de su control sobre el espacio aéreo iraní y la ampliación de sus objetivos en Irán, coinciden con entendimientos entre Washington, Tel Aviv y Ankara, en el contexto de crisis como la cuestión kurda y palestina. Abu Shakra mencionó que el eje Washington-Tel Aviv ha ajustado sus prioridades en el manejo de la situación sectaria en el Levante árabe tras la transición de las administraciones de Obama y Biden a Trump.

Durante la presidencia de George W. Bush, los neoconservadores estadounidenses, vinculados a la derecha israelí, promovieron la ocupación de Irak y su entrega a Irán, marcando un cambio en el dominio suní en ese país.

Además, los demócratas estadounidenses no apoyaron el levantamiento sirio contra Bashar al-Assad y permanecieron en silencio ante la intervención militar iraní para salvar su régimen, mientras que Israel se benefició del papel de Irán como un factor de normalización para los Estados árabes.

Batalla en Suwayda: donde Israel y Turquía se enfrentan por las rutas comerciales de Siria

El segundo artículo proviene desde The Cradle y está escrito por Malek al-Khoury. Tras la caída de Bashar al-Assad y el ascenso de Ahmad al-Sharaa, respaldado por Turquía, Siria se ha convertido en un terreno disputado entre proyectos regionales rivales.

Dos iniciativas destacan: la «Carretera del Desarrollo» de Turquía, que conectaría Basora con Turquía y Europa, y la «Línea de Paz» de Israel, que busca unir el Golfo Pérsico con el Mediterráneo a través de Jordania y el puerto de Haifa.

Suwayda, una provincia de mayoría drusa, se ha convertido en un punto estratégico en esta competencia por corredores comerciales y de transporte, debido a su ubicación en el cruce de estos proyectos. La provincia podría servir como una arteria para las ambiciones de Ankara o como un punto de bloqueo para los planes de Tel Aviv.

Líderes religiosos drusos de Suwayda rechazaron el uso de su región para proyectos extranjeros que ignoren su soberanía, exigiendo corredores terrestres con Jordania y las zonas controladas por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS).

En 2018, el entonces ministro de Transporte israelí, Israel Katz, presentó el proyecto «Ferrocarril de la Paz», que conectaría el Golfo con Israel a través de Jordania, promoviendo la integración económica y el comercio mundial, incluyendo a los palestinos mediante el acceso al puerto de Haifa.

Este proyecto busca eludir riesgos en el estrecho de Ormuz y Bab al-Mandab, ofreciendo una ruta terrestre más segura para el transporte de mercancías. Aunque se presenta como un incentivo económico, su objetivo principal es la hegemonía regional de Israel, con apoyo estadounidense vinculado al «Acuerdo del Siglo».

El proyecto NEOM de Arabia Saudí y el sistema de infraestructuras Al-Ain 2030 de los Emiratos Árabes Unidos refuerzan la importancia de Suwayda como nodo estratégico en la ruta Aqaba-Suwayda, que conectaría con el Golán ocupado y las zonas kurdas en Siria e Irak. Esta ruta, conocida como el «Corredor de David», combina el colonialismo de los asentamientos con la logística.

Turquía, por su parte, busca consolidar su influencia en Suwayda y extenderla al Líbano, particularmente hacia Trípoli, a través de acuerdos con facciones sirias como Hayat Tahrir al-Sham (HTS). Israel ha advertido contra esta expansión, con Netanyahu señalando el riesgo de un «nuevo sur del Líbano» en Siria y Katz prometiendo proteger a los drusos.

Los enfrentamientos en Suwayda, desencadenados por una disputa en un puesto de control, escalaron con la intervención de drones israelíes y grupos armados, resultando en más de 700 muertes en una semana. Erdogan reiteró la oposición de Turquía a la división de Siria, mientras que Estados Unidos, a través de su enviado Tom Barrack, apoya la unidad territorial de Siria, pero evita acciones unilaterales que desestabilicen la región.

Tregua o trampa: el alto el fuego de Israel en Siria apunta a una agenda hegemónica más profunda

Y en tercer lugar, una nota desde el Tehran Times por Shahrokh Saei. Expone que un alto el fuego entre Siria e Israel, anunciado tras ataques aéreos israelíes en Damasco y el sur de Siria, fue confirmado por Ahmad al-Sharaa y Benjamin Netanyahu. Israel justificó los bombardeos como una medida para proteger a la minoría drusa en Suwayda, donde enfrentamientos entre grupos drusos, tribus beduinas y fuerzas sirias dejaron cientos de muertos.

Al-Sharaa acusó a Israel de reavivar las tensiones con su agresión, mientras que Netanyahu afirmó que el alto el fuego se logró mediante la fuerza. Israel mantiene el control sobre territorios sirios ocupados, considerados ilegales según el derecho internacional.

Al-Sharaa agradeció a Estados Unidos y a la administración de Donald Trump por mediar en la tregua, lo que plantea interrogantes sobre la relación entre las acciones de Israel y los objetivos estadounidenses. Los críticos ven el alto el fuego como una pausa táctica en los planes de Israel para expandir su influencia en Siria bajo el pretexto de proteger a las minorías, utilizando la cuestión drusa para justificar su presencia militar.

Los precedentes en Gaza y el Líbano sugieren que los altos el fuego israelíes son temporales y se rompen cuando no sirven a los objetivos estratégicos de Tel Aviv, que incluyen la expansión territorial y la dominación política en Asia Occidental.


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