Las tratativas, en la diplomacia en la sombra, en torno al conflicto iraní-estadounidense posibilitó la opción de que las conversaciones públicas aparecieran -otra vez- en la atmósfera mediática y política.
En efecto, desde la conclusión de la Guerra de los Doce Días, las comunicaciones entre las partes iraní y estadounidenses no se eliminaron y estuvieron desarrollándose con la participación fundamental del Sultanato de Omán.
Durante todo este tiempo, Mascate -junto con otros estados islámicos- mantuvo abierto el canal de comunicaciones entre la diplomacia personal de Trump (Steve Witkoff y asistentes) y Teherán, con el desconocimiento de la mayoría de los expertos y comunicadores.
La preservación de un puente dialógico entre las partes, sobre todo, cuando el ritmo de peligro para toda la región aumentó significativamente, sirvió para mantener, en paralelo a las agendas belicistas, la herramienta de negociaciones.
Por lo que cuando Donald Trump dijo, a bordo del Air Force One, el domingo 11 de enero, que hay una posibilidad latente de una reunión entre su gente y los representantes iraníes no produjo sorpresa alguna en las personas familiarizadas con el curso de las conversaciones entre bastidores.
En relación con ello, el viernes 9 de enero, Badr bin Hamad Al-Busaidi, Ministro de Relaciones Exteriores de Omán, visitó Teherán para reunirse con altas autoridades de la república chiita tales como el presidente Masoud Pezeshkian y el canciller Abbas Araghchi. En la ocasión, el jefe de la diplomacia omaní transmitió un mensaje de Washington en el marco de un intento de reinicio de negociaciones directas entre los Estados Unidos e Irán.
Según la información, Omán y, al menos, otros dos países musulmanes, por su cuenta, pensaron y redactaron algunas ideas propositivas que permitieran salir del atascamiento y avanzar, en los próximos cuatro meses, hacia un acuerdo negociado que deje satisfecho a Irán, lo cual no quiere el círculo de decisiones de Israel. Mientras tanto, los órganos de seguridad de Israel elevaron su preparación defensiva.
Todo esto, claro está, en medio de una guerra híbrida -israelí y estadounidense- que afronta con solvencia la República Islámica de Irán y cuando las próximas horas serán importantes por la nube de presión que formaron los actores belicistas para que la Casa Blanca ordene un ataque militar contra Irán, cuyo resultado principal, de llevarse a cabo, será regresivo para los intereses estadounidenses.
Mientras tanto, Trump dictó un arancel del 25% a las importaciones de países que comercian con Irán, con efecto inmediato. Si bien la llave del juego final no está en Trump, pese a cualquier retórica ilusoria que hay sobre ello, pero el 47° sí puede empantanar aún más la situación o descarrillar cualquier propósito de estabilizar la región.
Irán, por su parte, tiene preparada una serie de bazas de hondo impacto estratégico en el supuesto caso de que el nivel de confrontación se maximice.¿Lo ejecutará?


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