Las informaciones generadas en distintas capitales del mundo árabe sostienen que hay todo un proceso de integrar a Irán dentro de la arquitectura regional, sin que, por supuesto, esto significase un cambio en la mentalidad y las finalidades geopolíticas de la torre de poder iraní.
Ya sea de una forma pública o de una forma oculta, gabinetes islámicos y árabes están gestionando una interrelación con miembros de peldaños del poder de Irán para armonizar las expectativas y objetivos de todos ellos con el fin de fijar códigos procedimentales que eviten un derramamiento de sangre entre los mismos estados y polos musulmanes y se ponga a la región y, específicamente, a la dimensión árabe islámica en una era de conciliación y progreso.
Lo particular de estas rondas de conversaciones y propuestas es que Irán también comparte esta voluntad y extendió diversos diálogos para llegar al mismo fin.
Entre los países que mas confianza le inspiran a Teherán figura el Sultanato de Omán que viene laborando silentemente para contribuir con la diplomacia iraní y con la reestructuración regional. Los oficios omaníes de especialistas de la diplomacia de cooperación y la construcción ayudaron para que el componente emisario de Trump y los funcionarios de la diplomacia de Irán pudiesen acordar puntos que luego fueron detonados por la ofensiva militar de Israel que estuvo siempre en coordinación con el CENTCOM para la guerra de los Doce Días.
Mascate quiere reinstalar el ciclo de la diplomacia iraní-estadounidense, pero, por lo que dijeron desde Teherán, las condiciones para tal suceso todavía no están sobre el terreno y Estados Unidos debería -afirman los iraníes- cambiar su mentalidad de ajustar los términos acuerdistas y una ulterior cooperación con Irán al dominio estadounidense e israelí. En esta semana, Alí Jameneí lo volvió a dejar bien en claro.
A pesar de las dificultades de todo tipo, los vínculos estatales de Irán con otras actores islámicos y árabes se acrecientan y con algunos progresa más que con ottos, pero ningún otro actor islámico desea excluir del panorama geopolítico de la región a Irán y mucho menos desean entrar en una guerra frontal contra el poder de Jameneí.
Conforme con datos duros que surgen de las ecuaciones que se elaboran, en 2026 se anudaría mejor estos lazos entre Irán y sus pares musulmanes del Golfo, de otras áreas de Asia y de África.


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