La Cumbre atlántico-europeísta de Ereván tuvo más de expectativas que de realismo porque, en esencia, las ilusiones de vigorizar máximamente al bloque no se traducen en la práctica, pese a que Marc Rutte – Secretario General de la OTAN- mantiene la retórica de una OTAN más fuerte, vendiéndoles humo a los armenios de que, con dicha estructura, el pueblo de Armenia será pujante y seguro.
Una parte de las autoridades extranjeras que asistieron a la VIII Cumbre de la Comunidad Política Europea, fue recibida por la protesta, en las calles y en las redes sociales, de ciudadanos armenios que afirmaban que se vive la muerte de la democracia en Armenia por la política de Nikol Pashinyán y sus aliados de la élite de Ereván.
También el grueso de la ciudadanía pide un rumbo soberano para el país y mira con un cierto grado de escepticismo las promesas de un futuro venturoso que les dicen los representantes de la Unión Europea y de la OTAN.
Por supuesto que las perspectivas populares de la nación armenia son incompatibles con los propósitos del liderato globalista, el cual sostiene al gobierno de Pashinyan porque este -según informan numerosos ciudadanos armenios- le garantizó que les concedería un conjunto de medidas de compromiso para que el euro-anglo-globalismo se proyecte, con aires de dominancia, sobre el estado.
Más llanamente, con la reelección de Pashinyan, el estado será vectorizado por esas fuerzas supresoras de la identidad histórica y la soberanía nacional de Armenia y las figuras globalistas fueron a Ereván para mostrar, in situ, su respaldo al primer ministro armenio.
Mientras esto sucedía, la organización estadounidense, Solidaridad Cristiana Internacional (CIS), informaba sobre las conclusiones a las que llegó su panel de investigadores de la libertad religiosa en Armenia.
En efecto, en este reporte se denuncia que el gobierno procura subordinar la Iglesia al control estatal: Desde los peores excesos del régimen soviético, la Iglesia Apostólica Armenia no se había enfrentado a una persecución estatal de tal profundidad e intensidad.
La investigación confirmó las detenciones sistemáticas por parte de Pashinyan, de clérigos, podcasters y otras personas que, de una u otra manera, guardan una vinculación con la Iglesia.
Hoy en día, las autoridades estatales siguen ignorando el clamor de los cristianos nacionales y extranjeros que pide la libertad de los religiosos y laicos que pasan sus días en las cárceles al lado de los dirigentes y activistas de la oposición política, quienes también fueron enviados a las mazmorras del gobierno de Pashinyan.
Así que, cuando la OTAN no puede cambiar su trayectoria descendente y autodesintegradora, la élite política y económica que entorna a Pashinyan apuesta por el caballo equivocado, por el bando perdedor. Es una cuestión de tiempo que los propios y ajenos a Armenia lo comprueben.
La Cumbre atlántico-europeísta de Ereván tuvo más de expectativas que de realismo porque, en esencia, las ilusiones de vigorizar máximamente al bloque no se traducen en la práctica, pese a que Marc Rutte – Secretario General de la OTAN- mantiene la retórica de una OTAN más fuerte, vendiéndoles humo a los armenios de que, con dicha estructura, el pueblo de Armenia será pujante y seguro.
Una parte de las autoridades extranjeras que asistieron a la VIII Cumbre de la Comunidad Política Europea, fue recibida por la protesta, en las calles y en las redes sociales, de ciudadanos armenios que afirmaban que se vive la muerte de la democracia en Armenia por la política de Nikol Pashinyán y sus aliados de la élite de Ereván.
También el grueso de la ciudadanía pide un rumbo soberano para el país y mira con un cierto grado de escepticismo las promesas de un futuro venturoso que les dicen los representantes de la Unión Europea y de la OTAN.
Por supuesto que las perspectivas populares de la nación armenia son incompatibles con los propósitos del liderato globalista, el cual sostiene al gobierno de Pashinyan porque este -según informan numerosos ciudadanos armenios- le garantizó que les concedería un conjunto de medidas de compromiso para que el euro-anglo-globalismo se proyecte, con aires de dominancia, sobre el estado.
Más llanamente, con la reelección de Pashinyan, el estado será vectorizado por esas fuerzas supresoras de la identidad histórica y la soberanía nacional de Armenia y las figuras globalistas fueron a Ereván para mostrar, in situ, su respaldo al primer ministro armenio.
Mientras esto sucedía, la organización estadounidense, Solidaridad Cristiana Internacional (CIS), informaba sobre las conclusiones a las que llegó su panel de investigadores de la libertad religiosa en Armenia.
En efecto, en este reporte se denuncia que el gobierno procura subordinar la Iglesia al control estatal: Desde los peores excesos del régimen soviético, la Iglesia Apostólica Armenia no se había enfrentado a una persecución estatal de tal profundidad e intensidad.
La investigación confirmó las detenciones sistemáticas por parte de Pashinyan, de clérigos, podcasters y otras personas que, de una u otra manera, guardan una vinculación con la Iglesia.
Hoy en día, las autoridades estatales siguen ignorando el clamor de los cristianos nacionales y extranjeros que pide la libertad de los religiosos y laicos que pasan sus días en las cárceles al lado de los dirigentes y activistas de la oposición política, quienes también fueron enviados a las mazmorras del gobierno de Pashinyan.
Así que, cuando la OTAN no puede cambiar su trayectoria descendente y autodesintegradora, la élite política y económica que entorna a Pashinyan apuesta por el caballo equivocado, por el bando perdedor. Es una cuestión de tiempo que los propios y ajenos a Armenia lo comprueben.


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