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La Casa Imperial no está en desorden, está en llamas

2–3 minutos

Cuando el Estados Unidos Oficial está celebrando su 250° Aniversario de su Independencia, el Estados Unidos del Pueblo no tiene mucha felicidad, según todos los indicadores fiables que emanan de su cuerpo.

Sean demócratas, republicanos, verdes, libertarios, MAGA, nacionalistas, comunistas, ANTIFA, todos los ciudadanos corrientes coinciden en que la nación no está bien. Coinciden en que las soluciones eficaces no están a la vista y que, por un lado, está el pueblo, y que, por el otro lado, están las corrientes de poder que exprimen al pueblo para las ganancias de las élites facciosas nacionales y extranjeras.

Todos ellos ven lo claro de cuán malo se convirtieron los Estados Unidos para su propia gente.

Luego, obviamente, comienzan a diferir, entre ellos, sobre las otras dimensiones. Diferencias de interpretación que son naturales, pero las cuales son manipuladas, en cuanto a su expansión, en la realidad social y en el tiempo, por los distintos cenáculos de poder.

En concreto, los Estados Unidos que llegó a su 250° Aniversario de Independencia, dista de ser aquél que se imaginaron los mejores exponentes de su élite de las décadas de 1950 y 1990. Es un Estado desunido en su interior y sin ser amado por la mayoría mundial. Es un Estado cuyas próximas décadas de vida, se ven, con toda lucidez, que no representarán, hasta el momento, ninguna excepcionalidad positiva y divina.

Y, ciertamente, esto es lo que angustia a gente soberanista estadounidense que realmente ama a su nación y que lucha para que el sentido común vuelva y las políticas nacionales prioricen al soberanismo del pueblo.

Tucker Carlson, quien se transformó en el mayor comunicador estadounidense, con un récord de audiencia global que, gana con facilidad, a muchas cadenas de noticias de los EE.UU. y del extranjero, manifiesta que su pueblo debe salir de las agendas de los centros de poder que lideran las guerras extranjeras de los Bush, los Clinton, los Obama, los Biden y los Trump y que el mismo pueblo, pese a la debilidad observada que tiene, debe ser valiente para exigir que los fundamentos genésicos de su república se implementen.

Carlson conoce perfectamente que los Estados Unidos están siendo derrotados estratégicamente en Asia Occidental, que la reputación mundial de su estado está en los mínimos históricos -del que le costará bastante salir- y que la OTAN progresa con su desmoronamiento hasta su finiquitamiento.

Efectivamente, el cierre de la OTAN es un hecho, sólo basta esperar a ver cuál es la fecha que se inscribirá en su lápida.

En el interín, los soberanistas estadounidenses (sean estos conceptuales, sentimentales o prácticos), seguirán en la guerra desatada dentro de los Estados Unidos. La Casa Imperial no está en desorden, está en llamas.


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