La mayoría de los expertos se muestra azorado por la rapidez en que los acontecimientos internacionales ocurren e, incluso, por los giros que suceden en la superficie de la política mundial.
Pareciera que esperaban un desarrollo notablemente cansino y automáticamente lineal de la geopolítica global.
En vista de ello, tales componentes de la comunidad de observadores e intérpretes se encuentran sumergidos en la desorientación y la confusión y atinan a evaluar con una consternación y una mecánica reproductora de lugares comunes las nuevas complejidades y los nuevos acuerdos.
La fijación por los preconceptos y los pre-escenarios no es una buena compañera en el oficio del conocimiento y la comprensión de los desarrollos históricos y geopolíticos.
Hasta hace no mucho tiempo, las evaluaciones que salían de las numerosas “cocinas del análisis” soslayaban o, para ser más precisos, descartaban la mínima posibilidad de que la opinión pública de Estados Unidos adoptaría posiciones, referentes a la guerra en Ucrania y la relación con Rusia. que son contrarias al complejo financiero, militar e industrial del “pantano globalista”.
Que ello llegase a ocurrir era, como dijimos, inverosímil en los razonamientos de esos expertos.
Pues bien, cuando estamos llegando a la primavera boreal del 2025, diferentes sondeos de opinión indican que entre el 70% y el 75% de los estadounidenses quieren que se acabe la guerra y menos del 34% sigue viendo a Rusia como un enemigo del pueblo norteamericano.
Estás cifras son demostrativas de que las maquinarias del control del pensamiento del establecimiento bipartidista belicista dejaron de tener el éxito que otrora tuvieron. No es que el pueblo se volvió mucho más sabio o que haya transformado su naturaleza hasta alcanzar la infalibilidad… muchos estadounidenses asumieron que se había construido y extendido, sobre la propia población de Norteamérica, una fragua de insinceridad, falsificación y manipulación.
Entonces, la corriente principal ya no es “Hacer la guerra en el mundo” u “odiar a Rusia” porque sí.
La decisión manifiesta que comenzó a tomar mayor fuerza con un carácter influyente es que el pueblo heredero de quienes establecieron los pilares de la república debe volverse hacia sí mismo y fraguar las mejoras para la propia sociedad de los Estados Unidos y si eso implica vincularse colaborativamente en algunos asuntos específicos (por ejemplo, evitar una guerra mundial) con Rusia, China, Turquía, Arabia Saudí y otros estados extranjeros, pues, se debe proceder en esa dirección.
Este cambio de tendencia lo vio, anticipadamente, Trump; y contra este cambio de tendencia emprendieron sus acciones los demócratas…y así les está yendo.
Pero los Estados Unidos son los Estados Unidos…con sus ángeles celestiales y sus demonios posmodernos que pelean entre sí en mil campos de lucha, sin un resultado final a la vista.


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