En el tercer aniversario de la operación especial rusa en Ucrania, varios líderes europeos visitaron Kiev para expresar su apoyo al presidente Zelensky. La Unión Europea está preparando un paquete de ayuda militar de 20.000 millones de euros, mientras que países nórdicos, bálticos, España y Canadá han mostrado su solidaridad. Sin embargo, Estados Unidos no participó, reflejando el deterioro de las relaciones entre Washington y Kiev.
El desacuerdo entre Trump y Zelensky se ha agravado tras la negativa de Ucrania a aceptar un acuerdo sobre recursos naturales que beneficiaría a EE.UU. Trump ha criticado abiertamente a Zelensky, llamándolo «dictador», lo que ha enfurecido a los europeos, quienes ven a Zelensky como un símbolo de resistencia en Occidente.
Esta tensión ha llevado a sospechar que Trump podría estar alineándose con Putin, adoptando una postura más pragmática hacia Rusia.
Estados Unidos ha cambiado su enfoque hacia el conflicto, negándose a firmar documentos que culpen exclusivamente a Rusia. Tras las conversaciones en Riad, Trump y Putin han hablado de una futura asociación económica basada en la cooperación en recursos como el gas y los minerales. Para Europa, esto representa una «herejía política», ya que amenaza con debilitar los lazos transatlánticos y reducir la importancia estratégica de Europa frente a los recursos naturales de Rusia.
Los europeos temen que EE.UU. incumpla sus compromisos con la OTAN, especialmente el Artículo 5, que garantiza la defensa mutua. Aunque es poco probable que Trump retire todas las tropas estadounidenses de Europa, podría reubicar parte de sus fuerzas en Asia para contener a China, dejando claro que no permitirá que Europa arrastre a EE.UU. a una guerra con Rusia.
Esto afecta los intereses de las élites europeas, que dependen de las tropas estadounidenses para mantener bajos sus presupuestos de defensa.
Algunos globalistas radicales ven la Nueva Guerra Fría como una batalla de «valores» entre el «Occidente libre» y la «Rusia no libre», y buscan provocar un conflicto entre EE.UU. y Rusia para alcanzar sus objetivos ideológicos. Macron y Starmer intentan persuadir a Trump para que apoye una misión de paz en Ucrania, pero el nuevo secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, ya ha descartado garantías del Artículo 5 para las tropas de la OTAN en Ucrania.
La posible ruptura transatlántica se evidencia en la reacción europea al discurso del vicepresidente Vance en Múnich, donde criticó las políticas socioculturales de Europa. Friedrich Merz, probable próximo canciller alemán, ha sugerido que Europa debe «independizarse» de EE.UU.
Sin embargo, la UE depende demasiado de EE.UU. en los ámbitos militar, comercial y energético como para distanciarse significativamente.
En este contexto, los líderes europeos buscan prolongar la guerra en Ucrania para evitar un acuerdo entre Trump y Putin, que podría dejar a Europa en un papel secundario frente a ambas potencias. Su objetivo es manipular a Trump para aumentar las tensiones con Rusia, pero si fracasan, Europa podría quedar marginada en el escenario global.
La única forma de evitar este desenlace sería sabotear las negociaciones entre EE.UU. y Rusia, algo que los europeos intentan desesperadamente mientras luchan por mantener su influencia en un mundo en transformación.


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