Bajo la amenaza de una auditoria para conocer donde ha ido cada dólar enviado por EEUU, Donald Trump ha dejado muy clara su posición.
El Presidente de EEUU ha exigido incluso el 50% de todos los recursos ucranianos de por vida para compensar los miles de millones de dólares que no sólo se han entregado en forma de armas, sino que muchos bancos norteamericanos han comprado deuda de Ucrania cuando esta no podía recurrir a los mercados, y ahora quieren cobrar.
Incluso el vicepresidente norteamericano David Vance ha advertido a Zelenky que, si mantenía el tono dialéctico en los mismos términos empleados en los últimos días, podría ver alejadas las esperanzas de cerrar este capítulo de su vida con cierto éxito.
En las últimas horas se está ya negociando un acuerdo de control de recursos y de infraestructuras portuarias, que sigue suponiendo una entrega total del país a Washington, pero que será debidamente redactado para disimular que el régimen de Kiev va a salir de esta guerra violado por su propio aliado.
La mencionada auditoria solicitada por Trump puede abrir la caja de Pandora, porque ya no es sólo que se hayan podido llevar dinero Zelensky y sus miembros de Gobierno, entre los cuales algunos están procesados por la propia justicia ucraniana por delitos de desviación de fondos y venta de armas a terceros, sino que podría salir a la luz toda la corrupción del Departamento del Tesoro de la administración Biden en todas las operaciones realizadas en Ucrania.
Elon Musk ya ha apuntado en esta dirección en las últimas horas.
Zelensky es ya una persona sin futuro político, que en el mejor de los casos terminará dando conferencias o volverá a ejercer de payaso. Lo cierto es que el Presidente ucraniano ha sido un instrumento que ha acometido debidamente su función debido a sus cualidades como cómico o actor, y ha sabido representar muy bien su papel, pero a nivel político ya está liquidado.
El comediante y su ego han sido los culpables de la destrucción de un país, así como de cientos de miles de muertos. Y los ciudadanos no sólo de Ucrania, sino de Europa, se tendrán que pensar muy bien a quien otorgan su voto a partir de ahora.
Lo que con esta catástrofe ha quedado meridianamente claro, es que, en los comicios electorales se debate algo mucho más serio que la elección de un personaje por motivos de simpatía; la responsabilidad tiene que verse reflejada en las urnas, de lo contrario el gobierno de una nación puede terminar siendo un circo.


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