Casi dos centenares de fuerzas especiales estadounidenses participaron, durante más de 35 horas, en las operaciones de intentos de rescate de dos pilotos del F-15 que fue derribado el viernes 3 de abril, en el espacio aéreo de Irán.
A medida que las horas pasaban, y la cobertura mediática se intensificaba en el espacio mundial, la construcción pública del campo norteamericano se parecía a los filmes hollywoodenses, mientras que, en las áreas montañosas y aldeas semi rudimentarias, se desarrolla un cuadro no compatible con los constructos narrativos.
En los lugares donde presuntamente estaban los pilotos, se hicieron presentes, aunque no de una manera inmediata, lugareños armados, efectivos del Comando de Policía de la República Islámica de Irán (FARAJA), las unidades de Basij y miembros del ejército; una parte de los cuales relata que abrieron fuego contra los comandos estadounidenses, destruyeron cuatro helicópteros MH-6 Little Bird y dos aviones C-130 Hércules e hirieron a algunos marines. Cabe destacar que la información disponible destaca que, en el contraataque, murieron también integrantes de las fuerzas iraníes.
Esta operación estadounidense, focalizada en Isfahán, tuvo características semejantes con la Operación Garra de Águila, sucedió el 24 de abril de 1980, durante la presidencia de Jimmy Carter, cuando miembros del ejército, la marina, la fuerza aérea y la infantería de marina de los EE.UU. quisieron rescatar a un grupo de rehenes en Teherán, con una previa reunión en el desierto de Tebas, pero la operación no tuvo el éxito esperado por un conjunto de problemas inesperados, siendo dos de ellos la avería de tres de los ocho helicópteros que participaban en la operación y la colisión de un cuarto, al momento de la retirada, con una aeronave del propio grupo, muriendo 8 militares estadounidenses.
46 años después, en otro mes de abril, las fuerzas militares estadounidenses incursionaron en el suelo iraní para rescatar a sus camaradas derribados, aprovechando el tamaño grande de la geografía de Irán, lo que, en una acción rápida, juega en contra de una reunión inmediata de las fuerzas defensoras locales sobre un punto especifico, pero que, a mediano y largo plazo, juega en contra de los planes de cualquier invasor.
Inclusive, los estadounidenses, entre el 3 y 4 de abril, pudieron beneficiarse relativamente de algunos puntos montañosos y de tres áreas transitables de la zona.
Un factor adicional de la operación, era mostrar posteriormente un espectáculo, mediante su filmación registrada, para que el señor presidente Trump lo pudiese estrenar, especialmente, para el público estadounidense, algo que, según los indicios, no lo podrá hacer porque no hay una victoria absoluta para el inquilino de la Casa Blanca, en esto que, quizá, también formó parte de un ensayo invasor cuando el líder republicano sigue sin tener la salida exitosa del proceso de la guerra.
Una primera lección que deja esta operación estadounidense es la confirmación, en el terreno. de una improbable o imposible victoria norteamericana a través de una invasión terrestre.
Independientemente de la suerte que hayan tenido los militares estadounidenses rescatados y rescatistas, la realidad indica que los enfrentamientos no fueron del tipo de la película de Hollywood y que las fuerzas norteamericanas tuvieron un obstáculo difícil cuando desarrollaban su misión. Algo similar tendrán si quieren forzar militarmente la apertura del estrecho de Ormuz, sobre el cual Irán tiene posicionado más de tres decenas de minisubmarinos Ghadir.


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