Cada uno tiene su propia definición de victoria
El presidente Trump, un maestro del marketing, proclama la derrota de Irán y el triunfo de Estados Unidos, una afirmación secundada por Patrick Foulis, investigador de la Institución Hoover, perteneciente a la Universidad de Stanford, y una de las principales fuentes de inspiración ideológica para los halcones republicanos, desde Kissinger hasta Condoleezza Rice, quien cree que «la gran mayoría del mundo todavía no tiene más remedio que depender de Estados Unidos».
Al cuarto día de la agresión militar israelí-estadounidense contra Irán, el consultor militar ruso Andrei Martyanov ya había predicho la derrota de Israel y Estados Unidos a manos de Irán.
Once días después del inicio de la tercera Guerra del Golfo, que ya entraba en su segundo mes, predije una alta probabilidad de victoria para Rusia y China. En una notable entrevista con la revista británica globalista The Economist, cuyas acciones pertenecen en un cuarto a banqueros Rothschild de origen jázaro, el exdirector del MI6, Sir Alex Younger, declaró: Irán está ganando.
Veintiséis días después del inicio del conflicto, Andrei Martyanov volvió a declarar con vehemencia que Irán ya ha ganado la guerra. Según el analista financiero William Pesek, del Asia Times, con sede en Hong Kong, el daño causado por Irán en el estrecho de Ormuz beneficia al yuan chino, porque Irán está asfixiando el suministro de petróleo, acelerando la caída del petrodólar e impulsando las ambiciones de la moneda china.
El geoeconomista ruso Sergei Glaziev afirma que la guerra contra Irán decidirá el destino de Ucrania. En sus cinco escenarios, Glaziev plantea que la posición de Rusia se fortalecería, junto con la consolidación de China, que se ha convertido en la potencia dominante no solo en producción, sino también en ciencia y tecnología. Gabriel Honrada advierte sobre una operación encubierta, revelando así el eje militar iraní-ruso.
El analista financiero británico Ambrose Evans-Pritchard, del Telegraph, se entrega a su legendaria rusofobia y se enamora de China, a la que considera la verdadera ganadora, porque el conflicto en el Golfo está provocando una crisis energética global, mientras que Trump se arriesga a una gran convulsión geopolítica, junto con una pérdida de credibilidad para Estados Unidos en Asia.
Tal como están las cosas, la legendaria resistencia chiíta iraní, combinada con su condición de verdadera potencia tecnológica que posee capacidades cibernéticas muy sofisticadas, como reconoció John Brennan, exdirector de la CIA, y su síndrome de Karbala, prácticamente está entregando la victoria a Rusia y China de forma pasiva.
El único límite en el horizonte es que el dúo Netanyahu/Trump podría usar sus arsenales nucleares para someter la guerra asimétrica del país persa, lo que conduciría a una tercera guerra mundial de naturaleza termonuclear.


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