Cuando faltan menos de 18 meses para que el pueblo brasileño concurra a las urnas para elegir a la persona que ocupará la presidencia de la República hasta el 2032, Jair Bolsonaro afronta semanas con muchas complicaciones.
En primer lugar, porque ha sido sometido a la sexta intervención quirúrgica desde que fue apuñalado en plena campaña del 2018 y, en segundo lugar, porque la Sala Primera del Supremo Tribunal Federal lo acusa de participar como líder de una organización criminal armada, intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho, golpe de estado; daños calificados por violencia y amenaza grave contra el patrimonio de la Unión, con perjuicio considerable a la víctima: y deterioro del patrimonio catalogado.
Si el expresidente es sentenciado culpable podría recibir una pena de cárcel efectiva que podría ir de 12 a 39 años. Prisión que, claramente, le desean sus enemigos.
Sin embargo, antes de verlo morir en la cárcel, quieren tenerlo detrás de las rejas para octubre de 2026 de tal manera que Bolsonaro, desolado y frustrado, vea ganar las elecciones a alguien que salga de las mismas entrañas de las facciones del establishment antibolsonarista o, en su defecto, sea un petista que, pese a su ideología, tenga compromisos irrompibles con, al menos, una de las fuerzas de los poderes fácticos internacionales que participaron en la derrota de Bolsonaro hace ya casi dos años y medio.
Además, los canceladores del líder conservador quieren mantener, para más allá de 2030, la inhabilitación que pesa sobre él para ocupar cargos públicos.
Hay una opinión que indica que Bolsonaro ya estaría condenado y que, por estas semanas, se estaría deliberando, en los círculos de sus rivales, los años de prisión que le darían.
Es, en este punto, donde podría involucrarse Donald Trump usando la extensiva influencia que tiene, normalmente, un presidente de los Estados Unidos para ayudar en la atenuación de las penas o para frenar la “maquinación en su contra” que Bolsonaro denuncia. Los “milagros del poder” existen y sobre esto escribiremos en otra oportunidad.
La prensa británica sigue de cerca el juicio y está emitiendo sus observaciones. Por ejemplo, el Financial Times alertó que el juicio podría transformar a Bolsonaro en un mártir, mientras que el semanario The Economist mencionó que habría una falta de imparcialidad por parte del Tribunal, situación que los cinco jueces brasileños niegan que exista.


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