Seremos explícitos y, por tal motivo, no giraremos alrededor de preámbulos, pese a que somos conscientes de que podemos herir algunas sensibilidades.
Cada vez más, aparecen en la superficie, pruebas irrefutables que señalan que el controlador inmediato y continuo del expresidente Joe Biden no fueron los Illuminatis, el Bohemian Grove o el Comité de los 300.
También quedaron fuera de esta clasificación, el Foro Económico Mundial y la jerarquía del partido demócrata porque el “poder inmediato detrás del Trono” tuvo el nombre de mujer: Jill Biden.
Sí, y aunque sea difícil de aceptar para una cantidad significativa de informadores y analistas, la “Doctora B” era quien dirigía, mayormente, en la realidad de los hechos, la Oficina Oval…al menos, en un porcentaje de los asuntos más trascendentales en la que estaba presente la decisión proveniente de la Casa Blanca.
La evidencia categórica que se está acumulando no da lugar a las interpretaciones secundarias o a las excusas comunes porque el presidente 46° de los Estados Unidos padeció, desde el inicio del ejercicio de su mandato, déficits cognitivos y físicos pronunciados y que fueran agravados por dos enfermedades sumamente serias que lo condicionaron, pero que produjeron que su esposa, Jill, dirigiera la función.
Ante tales indicadores, la Casa Blanca de Trump solicitó que la exprimera dama comience a hablar, a contar lo que no puede contar, pero no hay duda que eso será algo parecido a una “misión imposible”.
Simultáneamente, entre los representantes republicanos germina una iniciativa para que la Doctora B. testifique en la Cámara de Representantes porque argumentan que ella fue cómplice del ocultamiento del estado de salud de Joe y que, además, manipuló o indujo a la firma de órdenes ejecutivas aprovechándose de la inconsciencia o el desconocimiento del último presidente demócrata.
Parece el remake de una serie que una plataforma de streaming estrenó hace poco…o, quizá, el guion de esa serie se inspiró en ese hecho, sólo en ese hecho, de Jill y Joe.
Alguien dijo que Jill llevaba a cabo un “abuso de ancianos”; probablemente, sea una exageración esa descripción, pero no hay duda que Jill Biden era una figura dominante en la Casa Blanca
Distintos informes estuvieron mencionando, inclusive en pleno gobierno de los Biden, que el Asesor principal de Jill, Anthony Bernal, era la mejor espada que la esposa de Joe Biden usaba para tener en control los interiores del gobierno.
Sobre Bernal pesan numerosas críticas de empleados demócratas, sobre todo, en relación con un supuesto comportamient indecoroso que habría tenido.
Entonces, si otros factores de poder querían conseguir algo de la presidencia Biden, Jill y su asistente, Bernal, estaban enterados de ello porque, según los denunciantes, el camino más corto para llegar a Joe Biden era su esposa.
Jill y sus colaboradores leales eran la presidencia.
¿Cuánto le deberá el mundo a Jill Biden?


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