En una acción sin precedentes, Marco Rubio ordenó la expulsión del embajador sudafricano, Ebrahim Rasool, tras declararlo persona non grata y escalar la tensión subsistente entre Washington y Pretoria.
El Jefe del Departamento de Estado fundamentó la expulsión del diplomático de alto rango amparándose en unas declaraciones recientes que Rasool hizo en un seminario del Think Tank Instituto Mapungubwe para la Reflexión Estratégica (MISTRA).
En este foro, el Señor Rasool dijo que la Administración Biden había cuestionado y atacado el enfoque de la multipolaridad que expresa y proyecta el gobierno sudafricano con especial énfasis en las posiciones geopolíticas distantes de EE.UU. en las situaciones en Ucrania e Israel.
Como parte relevante de su exposición, el expulso diplomático aseveró que, en esos planos, hay una continuidad entre Biden y Trump, pero que también hay algunas discontinuidades, sobresaliendo el hecho de que -citamos textual- “Donald Trump está lanzando un ataque contra quienes ostentan el poder, al movilizar un supremacismo contra ellos en el país, y creo que también lo he ilustrado en el extranjero.
En cuanto a este ataque supremacista contra quienes ostentan el poder, lo vemos en la política interna estadounidense, el movimiento MAGA, como respuesta no solo a un instinto supremacista, sino a datos muy claros que muestran grandes cambios demográficos en Estados Unidos, donde se proyecta que el electorado con derecho a voto será un 48% blanco y la posibilidad de una mayoría de minorías se vislumbra en el horizonte”.
Probablemente, esta última parte es la que habría encendido las luces rojas de Marco Rubio para definir la prohibición de ingreso y permanencia, en EE.UU., de Rasool a quien denunció de odiar a EE.UU. y a Trump.
Es evidente que, en el gobierno de Trump, hay un consenso preestablecido para oponerse a las políticas y las relaciones internacionales del Congreso Nacional Africano (CNA) -que gestiona el estado sudafricano- por una sumatoria de razones que exceden la atención y la efectividad de Elon Musk porque, dentro del espectro que sostiene a Trump, hay una variedad de componentes que tienen interés en un cambio de la política interna y externa de Sudáfrica.
En la parte opuesta, encontramos que también hay intenciones de propugnar lo diferente y hasta lo contrario de lo que dictan los deseos del Despacho Oval, aunque Pretoria expresa públicamente que no quiere romper relaciones con EE.UU.
Los próximos meses develarán el rumbo y el destino de las relaciones inter-estatales entre EE UU. y Sudáfrica y sus implicancias en otros escenarios internacionales.


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