La embajada del sultanato de Omán que está emplazada en la antigua ciudad imperial de Roma, fue sede de la segunda ronda de las negociaciones diplomáticas indirectas que se efectúan entre los representantes de Estados Unidos y de Irán para arribar al consenso que labre y selle un nuevo acuerdo nuclear que, en comparación con el anterior, tendrá algunas introducciones contempladas y exigidas por Washington y Teherán.
Se eligió a Roma debido a la agenda diplomática que tenía el Enviado Especial de Trump para asuntos rusos, israelíes, palestinos e iraníes, el desarrollador inmobiliario Steve Witkoff, que le dificultaba el traslado adecuado a Omán desde París donde había tratado con los europeos los planes relacionados con Ucrania y Rusia.
Las partes acordaron, por petición iraní, que la tercera ronda vuelva a Mascate el sábado 26 de abril, incluyendo la reunión de los equipos técnicos de ambos estados para perfilar en detalle lo que será el acuerdo final.
Continuando con el mecanismo indirecto, que fue una condición instalada por Teherán hasta que se compruebe la sinceridad de los estadounidenses, el sultanato de Omán seguirá dirigiendo las conversaciones y sus diplomáticos se moverán de sala en sala -donde están los representantes de EE.UU. e Irán- para que se resuelvan las diferencias y se pueda dejar todo listo, en mayo o junio, para la firma del acuerdo.
Mascate informó que lo improbable ya tomó la forma de lo posible y que Irán, si se concreta el acuerdo, estará libre de armas nucleares y sanciones, conservando la infraestructura nuclear para uso pacífico.
El Ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Araghchi, se manifestó conforme con el panorama de las conversaciones y declaró que hay una tendencia para progresar en el marco que se desarrolla.
Teherán ya dejó en claro que no aceptará los modelos de Libia ni de los Emiratos Árabes Unidos y que tiene toda la disposición de llegar a un acuerdo que incluye garantías seguras de que Washington no se desvinculará del acuerdo y la contención de agresiones externas contra su soberanía.
Por el lado de Trump, el presidente dio la orden para que no se retrase las negociaciones y así pueda declarar que pudo arreglar un gran problema mundial.
Lógicamente, y lo volvemos a decir, hay actores harto conocidos que querrán influir, en la escena, para complicar y paralizar un acuerdo para dañar a Irán y EE.UU.
Estos actores están trabajando entre bastidores.
Todos los participantes conocen ello y los deseosos de acordar estarían tomando sus medidas respectivas y sostienen que harían todo lo posible para que no se anule está oportunidad histórica.


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