Por razones de logística del equipo negociador de EE UU., se realizó, una vez más, en Roma, otra ronda de conversaciones con el esquema indirecto iraní-estadounidense.
En esta ocasión, las declaraciones de líneas rojas hechas por líderes y funcionarios de ambos países elevaron las expectativas sobre el panorama y el fin que tendrían está ronda, creciendo las apuestas de quienes creen que no se llegará a ningún acuerdo.
Desde Norteamérica, se dijo que habrá un acuerdo si Irán incapacita la probabilidad de tener bombas nucleares y la garantía para ello, alegan los estadounidenses, es que Teherán renuncie al enriquecimiento de uranio para fines pacífico.
Su contraparte, la iraní, sostuvo que no abandonará la infraestructura nativa de producción de energía nuclear para uso civil y económico.
Con estas “inflexibilidades declarativas” , los negociadores se reunieron alrededor de 3 horas y no se alargó el diálogo porque Steve Witkoff debía emprender otro viaje aéreo para tratar otros asuntos.
El mediador, Omán, expresó, a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, que hubo algunos avances, pero sin conclusiones concretas.
Simultáneamente, el titular del Servicio Exterior de Irán, Abbas Araghchi, sostuvo que las conversaciones del viernes 23 de mayo fueron de las más profesionales de este ciclo y que los grupos decidieron estudiar las propuestas solucionadoras que se pusieron sobre la mesa.
Las conversaciones seguirán a nivel de expertos y se darán otras respuestas en los próximos días con el objeto de hacer progresar las conversaciones.
En conclusión, los actores externos preocupados por evitar que haya un acuerdo o para incidir en las condiciones finales de un acuerdo en beneficio de sus intereses geopolíticos, no pudieron arruinar la atmósfera de las tratativas en curso.
Como corresponde a la naturaleza compleja de este problema, el devenir y el vuelo que tendrán estas conversaciones están abiertos a factores que podrían congelar un acuerdo o acelerar su concreción.
Por el momento, está claro que Trump y Jameneí, Witkoff y Araghchi no cerraron la puerta.



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