La sala de mando conjunta israelí-estadounidense, al comprobar, en el terreno, que las bazas clave que tenía para derrotar y derribar al sistema de Irán no le repercuten en éxitos, está introduciendo, en el campo bélico, micro ataques de falsa bandera para, en primera instancia, incidir en la percepción pública mundial sobre la malignidad del régimen iraní, y, en segunda instancia, para impulsar a sus socios regionales árabes y turcos para que entren de lleno en la guerra como actores beligerantes en contra de Irán.
Uno de estos pequeños ataques engañosos se llevó a cabo el pasado sábado, cuando drones bombardearon una refinería en el Kurdistán iraquí, probablemente, con el kamikaze estadounidense Lucas que es un símil del Shahed-136.
Desde luego, que todas esas maniobras están siendo neutralizadas porque la mayoría de los líderes árabes y turcos es consciente de que, llegados a esta instancia de gravedad del curso bélico, los estadounidenses y los israelíes iban a influir de muchas formas posibles sobre ellos para involucrarlos en la guerra.
Estos líderes islámicos conocen, mejor que el resto del planeta, los esfuerzos que se hicieron para impedir la concreción de esta guerra y que todo fue depositado en el contenedor por Trump y Netanyahu. Asimismo, las líneas de comunicación sensible entre Teherán y Ankara, Doha, Riad, Mascate y El Cairo, entre otros, permanecen activas y continuas.
A propósito de bombardeos estadounidenses contra objetivos civiles y económicos, recordemos que el bombardeo estadounidense contra la escuela primaria Shajare Tayebé de Minab, hecho en el que murieron 175 personas, la mayoría niñas, habría salido de una base de Bahréin.
Por lo que se pueden esperar muchas cosas del Pentágono y los EE.UU. en cuanto a crímenes de guerra, considerando el fuerte oponente que tienen en Medio Oriente.
En ese contexto, poco feliz para Washington y Tel Aviv, tanto dentro y fuera de los Estados Unidos, como dentro y fuera de Irán, numerosas voces advierten de la eventualidad de un gran ataque de falsa bandera de proporciones iguales, o, quizá, hasta superiores, del 11-S, que implementarían en el terreno el dúo israelí-estadounidenses. Muchas afirmaciones estiman que ese atentado fabricado por el eje Trump-Netanyahu podría suceder dentro del territorio estadounidense.
Aún, en el hipotético caso de que, efectivamente, se concretara ello, las repercusiones no serían mayormente positivas para los perpetradores del mega atentado de falsa bandera porque el nivel de conocimiento y conciencia de tales eventos que tiene el público actual no es el mismo del año 2001 ya que, en esta guerra, mucha gente espera que aquellos que no pudieron ganar esta guerra en 3 o 5 días (ni tampoco lo harán más adelante), incorporen esa modalidad para acusar a Irán de una monstruosidad terrorista.
A decir verdad, más del 60 % de los ciudadanos estadounidenses considera que esta guerra debe terminarse lo más inmediato posible y que el presidente Trump debe retirarse de ese entorno de guerra para no seguir perjudicando a los EE.UU. en beneficio de actores extranjeros.
Así pues, Trump tiene poco margen de maniobra dentro de sus cálculos estándar y cualquier ataque de falsa bandera le impactará destructivamente en vez de beneficiarlo.
Y si Israel decide hacerlo por su propia cuenta -sin la participación de Trump-, las consecuencias tampoco cumplirán con las expectativas del círculo decisor de Tel Aviv. Israel, hace varios años, que entró en su curva de decrecimiento de estatus global, y acciones como la mencionada no le favorecerá, aunque la ilusión de los planificadores y encubridores del 11-S esté alta ahora mismo.
En cuanto a la utilización de una bomba nuclear (táctica) sobre Irán, ese recurso siempre estuvo dentro del establishment israelí y no tenemos ninguna duda de que, en las últimas semanas, más integrantes del estado de Israel sopesaron la idea o deseo.
Y al mismo Trump, posiblemente, alguien le habrá puesto esa opción en estos días. Un ataque nuclear, aunque sea restrictivo, será también una mala opción para el binomio israelí-estadounidense.
En conclusión, un ataque de falsa bandera o el lanzamiento de una bomba nuclear, por parte de los enemigos de Irán, no terminarán beneficiando a sus perpetradores (ni impulsores).


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