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Siguen escalando las tensiones en Asia Occidental tras el ataque estadounidense a instalaciones nucleares iraníes

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Diversos países árabes han manifestado su inquietud tras el ataque perpetrado por Estados Unidos contra instalaciones nucleares iraníes el 22 de junio de 2025, un acto al que Irán se ha reservado el derecho de responder.

Arabia Saudí, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, expresó que observa con «gran preocupación» los sucesos en Irán, instando a la comunidad internacional a intensificar esfuerzos para lograr una solución política que promueva la estabilidad regional.

Catar, por su parte, también mostró su «preocupación» y abogó por retomar la vía diplomática, advirtiendo sobre las posibles «consecuencias devastadoras» de una escalada.

Egipto subrayó que las soluciones políticas son el único camino para evitar mayor inestabilidad, mientras que el gobierno iraquí, liderado por Mohammed Shia al-Sudani, condenó enérgicamente el ataque, calificándolo como una «amenaza grave» para la paz y la seguridad regional.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, describió el ataque como una «escalada peligrosa» y expresó su alarma. China condenó firmemente la acción estadounidense, mientras que Rusia la tildó de «irresponsable» y una violación del derecho internacional.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) afirmó haber identificado las bases estadounidenses desde las cuales se lanzaron los ataques, asegurando que estas se encuentran bajo vigilancia. El CGRI señaló que las bases militares de EE. UU. en países como Irak, Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Catar y Emiratos Árabes Unidos son vulnerables, y reiteró el derecho de Irán a responder en defensa propia.

El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, descartó la diplomacia como opción inmediata, afirmando que Irán debe responder a la agresión. Sobre la posibilidad de cerrar el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % del gas natural licuado mundial, Araghchi indicó que Irán cuenta con «múltiples opciones».

Horas después del ataque estadounidense, Irán lanzó una ofensiva contra Israel utilizando, por primera vez, el misil balístico Kheibar Shekan de tercera generación, equipado con ojivas múltiples. Según el CGRI, esta operación incluyó 40 misiles balísticos, entre ellos el Kheibar Shekan, diseñado para alcanzar objetivos con alta precisión gracias a su sistema de guía en fase terminal y capacidad de maniobra durante el descenso.

Este misil, con un alcance de 1450-1500 km, puede evadir sistemas de defensa como el Arrow y David’s Sling de Israel, y está diseñado para atacar infraestructuras estratégicas.

Los ataques iraníes, parte de la Operación Promesa Verdadera 3, tuvieron como objetivos el aeropuerto Ben Gurión, un centro de investigación biológica y centros de mando israelíes. Medios israelíes reportaron al menos 86 heridos, aunque la censura militar ha limitado información sobre el impacto total. El CGRI afirmó que las defensas israelíes no detectaron los misiles hasta después de los impactos y advirtió que aún no ha desplegado todo su potencial militar.

Israel, que inició su ofensiva «Rising Lion» el 13 de junio, ha causado más de 400 muertes en Irán, incluyendo civiles y científicos nucleares. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, celebró el apoyo estadounidense, agradeciendo al presidente Donald Trump por su estrategia de «paz a través de la fuerza».

El 22 de junio, Abbas Araghchi anunció su viaje a Moscú para reunirse con el presidente ruso, Vladimir Putin, con el objetivo de coordinar posturas tras los ataques estadounidenses. Araghchi destacó la alianza estratégica entre Irán y Rusia, aunque el Kremlin aclaró que su tratado con Teherán no incluye defensa mutua. Rusia condenó los ataques de Israel y expresó condolencias, pero no ofreció apoyo militar.

Araghchi calificó los ataques estadounidenses como una «violación flagrante» del derecho internacional y un «asesinato» de los principios de la Carta de la ONU. Subrayó que el Tratado de No Proliferación Nuclear ha dejado de proteger a Irán, lo que plantea un «desafío peligroso».

Trump, por su parte, describió los ataques contra Fordow, Natanz e Isfahán como un «éxito decisivo». La alianza BRICS, que incluye a Irán y Rusia, no ha emitido declaraciones sobre el conflicto.

En conclusión, la región enfrenta una escalada sin precedentes, con llamados a la diplomacia opacados por amenazas de retaliación y una creciente polarización internacional.


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